¡Amara Montalvo resulta ser una falsa heredera intercambiada al nacer! Después de ser menospreciada por sus padres adoptivos durante tantos años, es devuelta a su familia biológica, convirtiéndose en la heredera de la familia más rica. Con padres y hermanos que la miman, vive una vida de ensueño. ¿Amara quiere estudiar? ¡Las mejores universidades están a su alcance! ¿Amara se aburre? ¡La empresa es su parque! ¿Amara quiere conducir? ¡Puede elegir cualquier coche de lujo! ¿Amara quiere ir de compras? ¡Su tarjeta de crédito no tiene límites! Pero, espera, ¿Amara tiene un compromiso matrimonial? ¡Esto no puede ser! Se rumorea que el presidente Lemos es temperamental y caprichoso. ¿Cómo puede Amara casarse con un hombre así? ¡Este matrimonio debe ser anulado! Izan Lemos: ¿Quién dijo eso? ¡Arréstenlo y denle una lección! Multitud: Sr. Lemos, ¿no habíamos acordado que no tenías un carácter violento? Algunos dicen que Amara no merece ser la heredera de la fortuna, sin embargo, descubren que ella es una diseñadora de renombre, una genio de la medicina, y también la Sra. Lemos. ¡Espera, ese es un título que no quiere! ¿No acepta ese título? ¡Izan no está de acuerdo! Este presidente caprichoso que vino a anular el matrimonio se arrepiente y la sigue todos los días, queriendo ser su cachorrito. ¿Amy está siendo intimidada? Izan agarra a la persona y la hace arrodillarse para pedir disculpas. ¿Amy quiere trabajar? Izan le ofrece diez empresas para que elija. ¿Amy no tiene joyas? Izan compra una casa llena de joyas para ella. ¿Amy está siendo ridiculizada por anular el matrimonio? Izan afirma: ¡Fui yo quien anuló el matrimonio, no propaguen rumores!

Capítulo 1"Oye, después de esta comida, vuelves con tus padres biológicos y no vuelvas a nuestra casa".Terminando de acomodarse a la mesa, Amara Montalvo se topó con las palabras apresuradas de su madre, o más bien su madre adoptiva, Ramona Marín, quien le urgía que se fuera de una buena vez.Hacía como medio mes, Amara se hizo unos chequeos y Ramona se dio cuenta de que el tipo de sangre de esta hija no coincidía con el de su esposo Efrén Pinto ni con el suyo, unas pruebas de ADN más tarde, se enteraron de que la hija que habían criado durante dieciocho años no era su hija de verdad. Entonces, empezaron a investigar y con ayuda de un detective privado, dieron con su verdadera hija, Gisela Pinto.Ramona siempre había sentido que Amara no encajaba del todo en su familia y, la verdad, nunca le había dado mucho amor fraternal. Ni siquiera en su nombre se esmeró mucho; le puso Amara, que empezaba con "A", y le dejó el apellido Montalvo, negándose a darle el suyo y en ese momento que habían encontrado a su verdadera hija Gisela, ella estaba encantada. En cuanto a Amara, la familia Pinto había rastreado a sus padres biológicos que ese día iban a buscarla.Amara observaba la mesa llena de delicias, el banquete más opulento que jamás había tenido en esa casa, y a la vez, su última comida allí. Gisela, sentada luciendo un vestido de marca, le sonreía: "Come todo lo que puedas, hermana. Es un pequeño detalle de papi y mami, he oído que en tu casa pasan apuros. Vives en un pueblito, nada que ver con nuestra ciudad Arcadia, no sé si te vas a adaptar, ay".Ramona miraba a Gisela con ojos llenos de ternura: "Si se adapta o no, ese es su propio hogar. Gisita, eres demasiado noble".Amara la miró y, sorprendentemente, pudo ver en ella una madre amorosa. Antes, ella la miraba con pura frialdad; pero en ese momento, sus ojos se posaban en Gisela como si quisiera ponerla en un pedestal. Cuando ésta última llegó a la casa, Efrén y Ramona le pidieron que desocupara su habitación y compraron decoraciones nuevas para que su verdadera hija se instalara; le consiguieron un piano y, al enterarse de que le gustaba bailar, le prepararon un estudio de danza; mientras tanto, a Amara la relegaron a una pequeña habitación en el extremo norte de la casa.Ella se levantó, captando la mirada burlona de Gisela, que al notar que la observaban, cambió a una expresión de inocencia, con frialdad y distancia le dijo: "Mejor come tú, después de todo, no has tenido la oportunidad de saborear comidas así".Gisela se atragantó con sus palabras, sintiéndose indignada, pero en su rostro solo mostraba una expresión de herida y tristeza, con voz temblorosa dijo: "Hermana, solo me preocupa que no tengas tan buena comida en casa de tus padres biológicos, no quise dar a entender otra cosa. Si no quieres irte, puedo hablar con papá y mamá para que te quedes, ¿está bien?".Ramona estalló: "¡Gisita, eres demasiado buena! Tú la tratas bien, pero ella no va a agradecértelo, ¿entiendes?".Efrén intervino: "Basta ya, cálmense todos".Pero Ramona se quejó: "¿Por qué debería callarme eh? ¡Gisela es nuestra hija, Amara no! Ella es la razón por la que nuestra Gisela tuvo que crecer en un orfanato, sufriendo tanto lejos de nosotros".Gisela, incómoda, agarró su brazo: "Mami, no te enojes, ¿qué pasa si te haces daño?".Ramona, aferrando la mano de Gisela, le dijo con cariño: "Solo nuestra hija Gisela se preocupa por mí. Nadie conoce a una madre como su hija, nosotras sí que somos madre e hija de corazón".Amara, con una mirada helada, subió a su habitación, bajó con su mochila al hombro y se preparó para irse. Gisela, al ver que ella estaba a punto de marcharse, recordó algo sobre su matrimonio arreglado y tratando de parecer razonable y comprensiva, dijo: "Mamá, mejor dejemos que la hermana se quede, ella todavía está comprometida con el Sr. Lemos, si se va, ¿quién se casará con él?", su observación hizo que tanto Efrén como Ramona pensaran en esa situación.Era el matrimonio que el patriarca de los Pinto había arreglado para su hija con la familia Lemos, un golpe de suerte que la familia Pinto no habría ni soñado en varias generaciones, ¿y en ese momento iba a caer en las manos de Amara? ¡Esa fortuna solo podía ser para Gisela!Ramona, agarrando el brazo de Amara, dijo con firmeza: "Si te quieres ir, puedes hacerlo, pero primero escribe una carta renunciando a tu relación de hija con nosotros, declarar que no tienes nada que ver con la familia Pinto, que el matrimonio es de Gisi, que fue arreglado por el abuelo para Gisi, y que no tiene nada que ver contigo".Pero Gisela, con voz dulce, intervino: "Hermana, nuestros padres te han criado durante dieciocho años, si no tienen mérito, al menos reconocerás su esfuerzo. No los hagas enojar, ¿sí? Si estás molesta, descárgate conmigo, pero no hagas que mamá se enoje, por favor. Ella está delicada de salud y me preocupa mucho su salud".Ramona la miró con cariño, cada vez más encantada con ella: "Gisi, siempre eres la más considerada, no como ciertas personas, unas ingratas que no reconocen lo que se les dio".Continuó: "Efrén, no pierdas el tiempo hablando con ella. Desde que Gisi regresó, hace medio mes, nuestro negocio ha estado yendo en popa, ¿no acabas de cerrar dos grandes acuerdos hace un par de días? ¡Eso es todo gracias a la buena suerte que trae nuestra preciada hija!".Amara soltó una risita sarcástica, ¿realmente esos dos grandes acuerdos habían sido por la buena suerte de Gisela?Sacó su celular y envió un mensaje.Gisela, sonrojada, dijo: "Mamá, eso es gracias a ti y a papá, por su buen ojo para los negocios y sus acertadas inversiones".Ramona sonrió ampliamente: "Gisi, no seas modesta, eres una chica con mucha suerte".Efrén, pensativo, dijo: "Amy, nosotros también te hemos tratado bien. El matrimonio nunca fue tuyo, Gisi es nuestra hija biológica, y al final, ella es quien debe casarse con la familia Lemos".Amara lo miró con desdén y dijo pausadamente: "¿Estás seguro de que esos dos acuerdos son gracias a Gisela?".Ramona rugió descontenta: "¿Si no es ella, entonces eres tú?".En ese momento, el celular de Efrén sonó, era una llamada de su secretario: "Sr. Pinto, ¡tenemos problemas! Esos dos empresarios se han retirado, dicen que ya no trabajarán con nuestra empresa",Efrén, nervioso, preguntó: "¿Qué? ¿Qué pasó?"."Sr. Pinto, no estoy seguro de los detalles. Los empresarios llamaron de repente y dijeron que desde que la mala suerte volvió a casa hace medio mes, trabajar con nosotros les traería mala fortuna, y rechazaron la colaboración. Hoy por la tarde íbamos a firmar el contrato con ellos, ¡y ahora todo se ha venido abajo!", la voz del secretario era alta y tensa, y todos escucharon lo que dijo.¿Hacía medio mes? ¿Mala suerte? ¿No se referirían a Gisela?Lo que antes era una estrella de la fortuna, ¿en ese momento se había convertido en un presagio de mala suerte?Efrén, golpeándose la pierna con frustración, exclamó: "¡Con esos dos acuerdos habríamos ganado mil millones! Mil millones que ahora se esfumaron".Él miró a Gisela con una mirada complicada, y en el corazón de Ramona también había un mal sabor; al fin y al cabo, le importaba mucho más esos mil millones. Gisela por su parte ya no podía sonreír, tan orgullosa como estaba antes, en ese momento estaba igual de avergonzada.Amara, con los brazos cruzados, disfrutaba del espectáculo, observando con interés el bochornoso momento de esas personas."Sr. Pinto, Sra. Pinto, entonces esperemos y veamos quién realmente trae la suerte a su familia", Amara se dio media vuelta con arrogancia y se marchó con paso firme.El celular de Efrén volvió a sonar: "Sr. Pinto, ¡hay más problemas! Nuestra colaboración con una empresa no vence hasta el próximo mes, ¡y están dispuestos a pagar la penalización por romper el contrato ahora mismo!".Al escuchar aquello, Ramona se descompuso, furiosa, gritó: "¡Voy a buscar a Amara ahora mismo y le preguntaré a esa maldita zorra qué demonios ha hecho!".Pero, cuando llegó a la puerta principal, lo que vio la dejó petrificada.En la puerta de la mansión se había estacionado una vieja moto de tres ruedas cargada de cajas de cartón, como si el conductor se dedicara a recoger cachivaches, el hombre de mediana edad que manejaba la moto, con su ropa manchada de lo que parecía ser aceite de motor, estaba completamente ensuciado, él al ver a Amara parada en la entrada, se quedó petrificado y sin pensarlo dijo: "Usted debe ser la cuarta señorita Amara".La muchacha que tenía delante destacaba por su belleza, con una mirada brillante y ojos grandes que, a pesar de su pureza, destilaban un toque de soberbia. Vestía ropa deportiva sencilla, pero aun así desprendía una elegancia innata, tenía un aire familiar con la dama de la casa, y al combinar los rasgos de ambos padres, el conductor la reconoció al instante como la señorita Amara que había ido a recoger."¿Cuarta señorita Amara?".No solo Amara se mostró sorprendida por un momento; Ramona, que acababa de salir para ajustar cuentas con ella, también se quedó pasmada, no podía creer que a ella la llamaran señorita, cuando se suponía que vivía en un pueblito, ¿cómo podía ser una señorita?Ramona soltó una risita burlona: "¡Qué bien finge! ¿La cuarta señorita Amara eh?".El conductor no escuchó el comentario, solo captó su actitud altiva, como la de una gallina peleona, entonces se acercó a Amara y, con mucho respeto le dijo: "Señorita Amara, soy el chofer de la familia, he venido a llevarla a casa. Disculpe por la tardanza, el carro tuvo una avería cerca de aquí, llamé al mecánico pero tuve que pedir prestada esta moto para no perder el tiempo de recogerla".Efrén y Gisela, quienes también salieron de la casa, se quedaron mirando, llenos de sarcasmo.Amara observó al hombre, que tenía una postura firme y se notaba que no era un señor cualquiera.Ramona, viendo al hombre cubierto de grasa y montado en una moto vieja, soltó una carcajada de burla. Gisela se acercó a ella y tomándola del brazo le dijo: "Mamá, ¿este señor es el papá de mi hermana?".Paco frunció el ceño y respondió con firmeza: "¿Yo, mereciendo tal honor? De ninguna manera podría ser el padre de la señorita Amara, solo soy el chofer de la familia Blanco".Gisela, con una sonrisa burlona en los labios, se soltó de su madre y se acercó a Amara, mirándola con desprecio y susurró: "Hermanita, mejor vete con tu papá recoge latitas. Hay gente que no está hecha para la riqueza, que solo puede vivir en la miseria, ¿verdad, hermanita?".Amara se giró hacia ella; siendo bastante más alta, la miró desde arriba y con una sonrisa le respondió: "Gisela, parece que al menos eres consciente de tu situación, tu destino humilde ciertamente no puede ocultar la riqueza".Gisela quería destrozarle la boca por esas palabras, pero Amara ni siquiera se molestó en mirarla más, estaba decidida a subirse a la moto para ver cómo eran sus verdaderos padres. Si resultaban ser como la familia Pinto, no se quedaría con ellos; se acercó a Paco y con una voz fría dijo: "Vamos, Paco"."Por favor, suba a la moto, señorita", le dijo Paco con algo de apuro, pero haciendo un gesto de invitación. No había de otra, no pudo conseguir otro vehículo y tuvo que venir en la moto de tres ruedas.Paco, aún incómodo, trató de justificarse: "Señorita Amara, lamento esta incomodidad, solo pude conseguir prestada esta moto a última hora. En cuanto el carro esté arreglado, las cosas serán diferentes".Los sirvientes que espiaban desde la puerta estaban atónitos."¡Qué hipócritas son en la familia Blanco! Claramente él es el verdadero papá de Amara y se hace pasar por chofer"."¡Totalmente de acuerdo! ¿Cómo pueden fingir tanto, viviendo en un basurero?"."Si van a fingir, que lo hagan bien, ¿qué significa venir en esa moto destartalada?"."¡Qué mala suerte, me da asco!".Capítulo 2"Oye, después de esta comida, vuelves con tus padres biológicos y no vuelvas a nuestra casa".Terminando de acomodarse a la mesa, Amara Montalvo se topó con las palabras apresuradas de su madre, o más bien su madre adoptiva, Ramona Marín, quien le urgía que se fuera de una buena vez.Hacía como medio mes, Amara se hizo unos chequeos y Ramona se dio cuenta de que el tipo de sangre de esta hija no coincidía con el de su esposo Efrén Pinto ni con el suyo, unas pruebas de ADN más tarde, se enteraron de que la hija que habían criado durante dieciocho años no era su hija de verdad. Entonces, empezaron a investigar y con ayuda de un detective privado, dieron con su verdadera hija, Gisela Pinto.Ramona siempre había sentido que Amara no encajaba del todo en su familia y, la verdad, nunca le había dado mucho amor fraternal. Ni siquiera en su nombre se esmeró mucho; le puso Amara, que empezaba con "A", y le dejó el apellido Montalvo, negándose a darle el suyo y en ese momento que habían encontrado a su verdadera hija Gisela, ella estaba encantada. En cuanto a Amara, la familia Pinto había rastreado a sus padres biológicos que ese día iban a buscarla.Amara observaba la mesa llena de delicias, el banquete más opulento que jamás había tenido en esa casa, y a la vez, su última comida allí. Gisela, sentada luciendo un vestido de marca, le sonreía: "Come todo lo que puedas, hermana. Es un pequeño detalle de papi y mami, he oído que en tu casa pasan apuros. Vives en un pueblito, nada que ver con nuestra ciudad Arcadia, no sé si te vas a adaptar, ay".Ramona miraba a Gisela con ojos llenos de ternura: "Si se adapta o no, ese es su propio hogar. Gisita, eres demasiado noble".Amara la miró y, sorprendentemente, pudo ver en ella una madre amorosa. Antes, ella la miraba con pura frialdad; pero en ese momento, sus ojos se posaban en Gisela como si quisiera ponerla en un pedestal. Cuando ésta última llegó a la casa, Efrén y Ramona le pidieron que desocupara su habitación y compraron decoraciones nuevas para que su verdadera hija se instalara; le consiguieron un piano y, al enterarse de que le gustaba bailar, le prepararon un estudio de danza; mientras tanto, a Amara la relegaron a una pequeña habitación en el extremo norte de la casa.Ella se levantó, captando la mirada burlona de Gisela, que al notar que la observaban, cambió a una expresión de inocencia, con frialdad y distancia le dijo: "Mejor come tú, después de todo, no has tenido la oportunidad de saborear comidas así".Gisela se atragantó con sus palabras, sintiéndose indignada, pero en su rostro solo mostraba una expresión de herida y tristeza, con voz temblorosa dijo: "Hermana, solo me preocupa que no tengas tan buena comida en casa de tus padres biológicos, no quise dar a entender otra cosa. Si no quieres irte, puedo hablar con papá y mamá para que te quedes, ¿está bien?".Ramona estalló: "¡Gisita, eres demasiado buena! Tú la tratas bien, pero ella no va a agradecértelo, ¿entiendes?".Efrén intervino: "Basta ya, cálmense todos".Pero Ramona se quejó: "¿Por qué debería callarme eh? ¡Gisela es nuestra hija, Amara no! Ella es la razón por la que nuestra Gisela tuvo que crecer en un orfanato, sufriendo tanto lejos de nosotros".Gisela, incómoda, agarró su brazo: "Mami, no te enojes, ¿qué pasa si te haces daño?".Ramona, aferrando la mano de Gisela, le dijo con cariño: "Solo nuestra hija Gisela se preocupa por mí. Nadie conoce a una madre como su hija, nosotras sí que somos madre e hija de corazón".Amara, con una mirada helada, subió a su habitación, bajó con su mochila al hombro y se preparó para irse. Gisela, al ver que ella estaba a punto de marcharse, recordó algo sobre su matrimonio arreglado y tratando de parecer razonable y comprensiva, dijo: "Mamá, mejor dejemos que la hermana se quede, ella todavía está comprometida con el Sr. Lemos, si se va, ¿quién se casará con él?", su observación hizo que tanto Efrén como Ramona pensaran en esa situación.Era el matrimonio que el patriarca de los Pinto había arreglado para su hija con la familia Lemos, un golpe de suerte que la familia Pinto no habría ni soñado en varias generaciones, ¿y en ese momento iba a caer en las manos de Amara? ¡Esa fortuna solo podía ser para Gisela!Ramona, agarrando el brazo de Amara, dijo con firmeza: "Si te quieres ir, puedes hacerlo, pero primero escribe una carta renunciando a tu relación de hija con nosotros, declarar que no tienes nada que ver con la familia Pinto, que el matrimonio es de Gisi, que fue arreglado por el abuelo para Gisi, y que no tiene nada que ver contigo".Pero Gisela, con voz dulce, intervino: "Hermana, nuestros padres te han criado durante dieciocho años, si no tienen mérito, al menos reconocerás su esfuerzo. No los hagas enojar, ¿sí? Si estás molesta, descárgate conmigo, pero no hagas que mamá se enoje, por favor. Ella está delicada de salud y me preocupa mucho su salud".Ramona la miró con cariño, cada vez más encantada con ella: "Gisi, siempre eres la más considerada, no como ciertas personas, unas ingratas que no reconocen lo que se les dio".Continuó: "Efrén, no pierdas el tiempo hablando con ella. Desde que Gisi regresó, hace medio mes, nuestro negocio ha estado yendo en popa, ¿no acabas de cerrar dos grandes acuerdos hace un par de días? ¡Eso es todo gracias a la buena suerte que trae nuestra preciada hija!".Amara soltó una risita sarcástica, ¿realmente esos dos grandes acuerdos habían sido por la buena suerte de Gisela?Sacó su celular y envió un mensaje.Gisela, sonrojada, dijo: "Mamá, eso es gracias a ti y a papá, por su buen ojo para los negocios y sus acertadas inversiones".Ramona sonrió ampliamente: "Gisi, no seas modesta, eres una chica con mucha suerte".Efrén, pensativo, dijo: "Amy, nosotros también te hemos tratado bien. El matrimonio nunca fue tuyo, Gisi es nuestra hija biológica, y al final, ella es quien debe casarse con la familia Lemos".Amara lo miró con desdén y dijo pausadamente: "¿Estás seguro de que esos dos acuerdos son gracias a Gisela?".Ramona rugió descontenta: "¿Si no es ella, entonces eres tú?".En ese momento, el celular de Efrén sonó, era una llamada de su secretario: "Sr. Pinto, ¡tenemos problemas! Esos dos empresarios se han retirado, dicen que ya no trabajarán con nuestra empresa",Efrén, nervioso, preguntó: "¿Qué? ¿Qué pasó?"."Sr. Pinto, no estoy seguro de los detalles. Los empresarios llamaron de repente y dijeron que desde que la mala suerte volvió a casa hace medio mes, trabajar con nosotros les traería mala fortuna, y rechazaron la colaboración. Hoy por la tarde íbamos a firmar el contrato con ellos, ¡y ahora todo se ha venido abajo!", la voz del secretario era alta y tensa, y todos escucharon lo que dijo.¿Hacía medio mes? ¿Mala suerte? ¿No se referirían a Gisela?Lo que antes era una estrella de la fortuna, ¿en ese momento se había convertido en un presagio de mala suerte?Efrén, golpeándose la pierna con frustración, exclamó: "¡Con esos dos acuerdos habríamos ganado mil millones! Mil millones que ahora se esfumaron".Él miró a Gisela con una mirada complicada, y en el corazón de Ramona también había un mal sabor; al fin y al cabo, le importaba mucho más esos mil millones. Gisela por su parte ya no podía sonreír, tan orgullosa como estaba antes, en ese momento estaba igual de avergonzada.Amara, con los brazos cruzados, disfrutaba del espectáculo, observando con interés el bochornoso momento de esas personas."Sr. Pinto, Sra. Pinto, entonces esperemos y veamos quién realmente trae la suerte a su familia", Amara se dio media vuelta con arrogancia y se marchó con paso firme.El celular de Efrén volvió a sonar: "Sr. Pinto, ¡hay más problemas! Nuestra colaboración con una empresa no vence hasta el próximo mes, ¡y están dispuestos a pagar la penalización por romper el contrato ahora mismo!".Al escuchar aquello, Ramona se descompuso, furiosa, gritó: "¡Voy a buscar a Amara ahora mismo y le preguntaré a esa maldita zorra qué demonios ha hecho!".Pero, cuando llegó a la puerta principal, lo que vio la dejó petrificada.En la puerta de la mansión se había estacionado una vieja moto de tres ruedas cargada de cajas de cartón, como si el conductor se dedicara a recoger cachivaches, el hombre de mediana edad que manejaba la moto, con su ropa manchada de lo que parecía ser aceite de motor, estaba completamente ensuciado, él al ver a Amara parada en la entrada, se quedó petrificado y sin pensarlo dijo: "Usted debe ser la cuarta señorita Amara".La muchacha que tenía delante destacaba por su belleza, con una mirada brillante y ojos grandes que, a pesar de su pureza, destilaban un toque de soberbia. Vestía ropa deportiva sencilla, pero aun así desprendía una elegancia innata, tenía un aire familiar con la dama de la casa, y al combinar los rasgos de ambos padres, el conductor la reconoció al instante como la señorita Amara que había ido a recoger."¿Cuarta señorita Amara?".No solo Amara se mostró sorprendida por un momento; Ramona, que acababa de salir para ajustar cuentas con ella, también se quedó pasmada, no podía creer que a ella la llamaran señorita, cuando se suponía que vivía en un pueblito, ¿cómo podía ser una señorita?Ramona soltó una risita burlona: "¡Qué bien finge! ¿La cuarta señorita Amara eh?".El conductor no escuchó el comentario, solo captó su actitud altiva, como la de una gallina peleona, entonces se acercó a Amara y, con mucho respeto le dijo: "Señorita Amara, soy el chofer de la familia, he venido a llevarla a casa. Disculpe por la tardanza, el carro tuvo una avería cerca de aquí, llamé al mecánico pero tuve que pedir prestada esta moto para no perder el tiempo de recogerla".Efrén y Gisela, quienes también salieron de la casa, se quedaron mirando, llenos de sarcasmo.Amara observó al hombre, que tenía una postura firme y se notaba que no era un señor cualquiera.Ramona, viendo al hombre cubierto de grasa y montado en una moto vieja, soltó una carcajada de burla. Gisela se acercó a ella y tomándola del brazo le dijo: "Mamá, ¿este señor es el papá de mi hermana?".Paco frunció el ceño y respondió con firmeza: "¿Yo, mereciendo tal honor? De ninguna manera podría ser el padre de la señorita Amara, solo soy el chofer de la familia Blanco".Gisela, con una sonrisa burlona en los labios, se soltó de su madre y se acercó a Amara, mirándola con desprecio y susurró: "Hermanita, mejor vete con tu papá recoge latitas. Hay gente que no está hecha para la riqueza, que solo puede vivir en la miseria, ¿verdad, hermanita?".Amara se giró hacia ella; siendo bastante más alta, la miró desde arriba y con una sonrisa le respondió: "Gisela, parece que al menos eres consciente de tu situación, tu destino humilde ciertamente no puede ocultar la riqueza".Gisela quería destrozarle la boca por esas palabras, pero Amara ni siquiera se molestó en mirarla más, estaba decidida a subirse a la moto para ver cómo eran sus verdaderos padres. Si resultaban ser como la familia Pinto, no se quedaría con ellos; se acercó a Paco y con una voz fría dijo: "Vamos, Paco"."Por favor, suba a la moto, señorita", le dijo Paco con algo de apuro, pero haciendo un gesto de invitación. No había de otra, no pudo conseguir otro vehículo y tuvo que venir en la moto de tres ruedas.Paco, aún incómodo, trató de justificarse: "Señorita Amara, lamento esta incomodidad, solo pude conseguir prestada esta moto a última hora. En cuanto el carro esté arreglado, las cosas serán diferentes".Los sirvientes que espiaban desde la puerta estaban atónitos."¡Qué hipócritas son en la familia Blanco! Claramente él es el verdadero papá de Amara y se hace pasar por chofer"."¡Totalmente de acuerdo! ¿Cómo pueden fingir tanto, viviendo en un basurero?"."Si van a fingir, que lo hagan bien, ¿qué significa venir en esa moto destartalada?"."¡Qué mala suerte, me da asco!".Capítulo 3"Oye, después de esta comida, vuelves con tus padres biológicos y no vuelvas a nuestra casa".Terminando de acomodarse a la mesa, Amara Montalvo se topó con las palabras apresuradas de su madre, o más bien su madre adoptiva, Ramona Marín, quien le urgía que se fuera de una buena vez.Hacía como medio mes, Amara se hizo unos chequeos y Ramona se dio cuenta de que el tipo de sangre de esta hija no coincidía con el de su esposo Efrén Pinto ni con el suyo, unas pruebas de ADN más tarde, se enteraron de que la hija que habían criado durante dieciocho años no era su hija de verdad. Entonces, empezaron a investigar y con ayuda de un detective privado, dieron con su verdadera hija, Gisela Pinto.Ramona siempre había sentido que Amara no encajaba del todo en su familia y, la verdad, nunca le había dado mucho amor fraternal. Ni siquiera en su nombre se esmeró mucho; le puso Amara, que empezaba con "A", y le dejó el apellido Montalvo, negándose a darle el suyo y en ese momento que habían encontrado a su verdadera hija Gisela, ella estaba encantada. En cuanto a Amara, la familia Pinto había rastreado a sus padres biológicos que ese día iban a buscarla.Amara observaba la mesa llena de delicias, el banquete más opulento que jamás había tenido en esa casa, y a la vez, su última comida allí. Gisela, sentada luciendo un vestido de marca, le sonreía: "Come todo lo que puedas, hermana. Es un pequeño detalle de papi y mami, he oído que en tu casa pasan apuros. Vives en un pueblito, nada que ver con nuestra ciudad Arcadia, no sé si te vas a adaptar, ay".Ramona miraba a Gisela con ojos llenos de ternura: "Si se adapta o no, ese es su propio hogar. Gisita, eres demasiado noble".Amara la miró y, sorprendentemente, pudo ver en ella una madre amorosa. Antes, ella la miraba con pura frialdad; pero en ese momento, sus ojos se posaban en Gisela como si quisiera ponerla en un pedestal. Cuando ésta última llegó a la casa, Efrén y Ramona le pidieron que desocupara su habitación y compraron decoraciones nuevas para que su verdadera hija se instalara; le consiguieron un piano y, al enterarse de que le gustaba bailar, le prepararon un estudio de danza; mientras tanto, a Amara la relegaron a una pequeña habitación en el extremo norte de la casa.Ella se levantó, captando la mirada burlona de Gisela, que al notar que la observaban, cambió a una expresión de inocencia, con frialdad y distancia le dijo: "Mejor come tú, después de todo, no has tenido la oportunidad de saborear comidas así".Gisela se atragantó con sus palabras, sintiéndose indignada, pero en su rostro solo mostraba una expresión de herida y tristeza, con voz temblorosa dijo: "Hermana, solo me preocupa que no tengas tan buena comida en casa de tus padres biológicos, no quise dar a entender otra cosa. Si no quieres irte, puedo hablar con papá y mamá para que te quedes, ¿está bien?".Ramona estalló: "¡Gisita, eres demasiado buena! Tú la tratas bien, pero ella no va a agradecértelo, ¿entiendes?".Efrén intervino: "Basta ya, cálmense todos".Pero Ramona se quejó: "¿Por qué debería callarme eh? ¡Gisela es nuestra hija, Amara no! Ella es la razón por la que nuestra Gisela tuvo que crecer en un orfanato, sufriendo tanto lejos de nosotros".Gisela, incómoda, agarró su brazo: "Mami, no te enojes, ¿qué pasa si te haces daño?".Ramona, aferrando la mano de Gisela, le dijo con cariño: "Solo nuestra hija Gisela se preocupa por mí. Nadie conoce a una madre como su hija, nosotras sí que somos madre e hija de corazón".Amara, con una mirada helada, subió a su habitación, bajó con su mochila al hombro y se preparó para irse. Gisela, al ver que ella estaba a punto de marcharse, recordó algo sobre su matrimonio arreglado y tratando de parecer razonable y comprensiva, dijo: "Mamá, mejor dejemos que la hermana se quede, ella todavía está comprometida con el Sr. Lemos, si se va, ¿quién se casará con él?", su observación hizo que tanto Efrén como Ramona pensaran en esa situación.Era el matrimonio que el patriarca de los Pinto había arreglado para su hija con la familia Lemos, un golpe de suerte que la familia Pinto no habría ni soñado en varias generaciones, ¿y en ese momento iba a caer en las manos de Amara? ¡Esa fortuna solo podía ser para Gisela!Ramona, agarrando el brazo de Amara, dijo con firmeza: "Si te quieres ir, puedes hacerlo, pero primero escribe una carta renunciando a tu relación de hija con nosotros, declarar que no tienes nada que ver con la familia Pinto, que el matrimonio es de Gisi, que fue arreglado por el abuelo para Gisi, y que no tiene nada que ver contigo".Pero Gisela, con voz dulce, intervino: "Hermana, nuestros padres te han criado durante dieciocho años, si no tienen mérito, al menos reconocerás su esfuerzo. No los hagas enojar, ¿sí? Si estás molesta, descárgate conmigo, pero no hagas que mamá se enoje, por favor. Ella está delicada de salud y me preocupa mucho su salud".Ramona la miró con cariño, cada vez más encantada con ella: "Gisi, siempre eres la más considerada, no como ciertas personas, unas ingratas que no reconocen lo que se les dio".Continuó: "Efrén, no pierdas el tiempo hablando con ella. Desde que Gisi regresó, hace medio mes, nuestro negocio ha estado yendo en popa, ¿no acabas de cerrar dos grandes acuerdos hace un par de días? ¡Eso es todo gracias a la buena suerte que trae nuestra preciada hija!".Amara soltó una risita sarcástica, ¿realmente esos dos grandes acuerdos habían sido por la buena suerte de Gisela?Sacó su celular y envió un mensaje.Gisela, sonrojada, dijo: "Mamá, eso es gracias a ti y a papá, por su buen ojo para los negocios y sus acertadas inversiones".Ramona sonrió ampliamente: "Gisi, no seas modesta, eres una chica con mucha suerte".Efrén, pensativo, dijo: "Amy, nosotros también te hemos tratado bien. El matrimonio nunca fue tuyo, Gisi es nuestra hija biológica, y al final, ella es quien debe casarse con la familia Lemos".Amara lo miró con desdén y dijo pausadamente: "¿Estás seguro de que esos dos acuerdos son gracias a Gisela?".Ramona rugió descontenta: "¿Si no es ella, entonces eres tú?".En ese momento, el celular de Efrén sonó, era una llamada de su secretario: "Sr. Pinto, ¡tenemos problemas! Esos dos empresarios se han retirado, dicen que ya no trabajarán con nuestra empresa",Efrén, nervioso, preguntó: "¿Qué? ¿Qué pasó?"."Sr. Pinto, no estoy seguro de los detalles. Los empresarios llamaron de repente y dijeron que desde que la mala suerte volvió a casa hace medio mes, trabajar con nosotros les traería mala fortuna, y rechazaron la colaboración. Hoy por la tarde íbamos a firmar el contrato con ellos, ¡y ahora todo se ha venido abajo!", la voz del secretario era alta y tensa, y todos escucharon lo que dijo.¿Hacía medio mes? ¿Mala suerte? ¿No se referirían a Gisela?Lo que antes era una estrella de la fortuna, ¿en ese momento se había convertido en un presagio de mala suerte?Efrén, golpeándose la pierna con frustración, exclamó: "¡Con esos dos acuerdos habríamos ganado mil millones! Mil millones que ahora se esfumaron".Él miró a Gisela con una mirada complicada, y en el corazón de Ramona también había un mal sabor; al fin y al cabo, le importaba mucho más esos mil millones. Gisela por su parte ya no podía sonreír, tan orgullosa como estaba antes, en ese momento estaba igual de avergonzada.Amara, con los brazos cruzados, disfrutaba del espectáculo, observando con interés el bochornoso momento de esas personas."Sr. Pinto, Sra. Pinto, entonces esperemos y veamos quién realmente trae la suerte a su familia", Amara se dio media vuelta con arrogancia y se marchó con paso firme.El celular de Efrén volvió a sonar: "Sr. Pinto, ¡hay más problemas! Nuestra colaboración con una empresa no vence hasta el próximo mes, ¡y están dispuestos a pagar la penalización por romper el contrato ahora mismo!".Al escuchar aquello, Ramona se descompuso, furiosa, gritó: "¡Voy a buscar a Amara ahora mismo y le preguntaré a esa maldita zorra qué demonios ha hecho!".Pero, cuando llegó a la puerta principal, lo que vio la dejó petrificada.En la puerta de la mansión se había estacionado una vieja moto de tres ruedas cargada de cajas de cartón, como si el conductor se dedicara a recoger cachivaches, el hombre de mediana edad que manejaba la moto, con su ropa manchada de lo que parecía ser aceite de motor, estaba completamente ensuciado, él al ver a Amara parada en la entrada, se quedó petrificado y sin pensarlo dijo: "Usted debe ser la cuarta señorita Amara".La muchacha que tenía delante destacaba por su belleza, con una mirada brillante y ojos grandes que, a pesar de su pureza, destilaban un toque de soberbia. Vestía ropa deportiva sencilla, pero aun así desprendía una elegancia innata, tenía un aire familiar con la dama de la casa, y al combinar los rasgos de ambos padres, el conductor la reconoció al instante como la señorita Amara que había ido a recoger."¿Cuarta señorita Amara?".No solo Amara se mostró sorprendida por un momento; Ramona, que acababa de salir para ajustar cuentas con ella, también se quedó pasmada, no podía creer que a ella la llamaran señorita, cuando se suponía que vivía en un pueblito, ¿cómo podía ser una señorita?Ramona soltó una risita burlona: "¡Qué bien finge! ¿La cuarta señorita Amara eh?".El conductor no escuchó el comentario, solo captó su actitud altiva, como la de una gallina peleona, entonces se acercó a Amara y, con mucho respeto le dijo: "Señorita Amara, soy el chofer de la familia, he venido a llevarla a casa. Disculpe por la tardanza, el carro tuvo una avería cerca de aquí, llamé al mecánico pero tuve que pedir prestada esta moto para no perder el tiempo de recogerla".Efrén y Gisela, quienes también salieron de la casa, se quedaron mirando, llenos de sarcasmo.Amara observó al hombre, que tenía una postura firme y se notaba que no era un señor cualquiera.Ramona, viendo al hombre cubierto de grasa y montado en una moto vieja, soltó una carcajada de burla. Gisela se acercó a ella y tomándola del brazo le dijo: "Mamá, ¿este señor es el papá de mi hermana?".Paco frunció el ceño y respondió con firmeza: "¿Yo, mereciendo tal honor? De ninguna manera podría ser el padre de la señorita Amara, solo soy el chofer de la familia Blanco".Gisela, con una sonrisa burlona en los labios, se soltó de su madre y se acercó a Amara, mirándola con desprecio y susurró: "Hermanita, mejor vete con tu papá recoge latitas. Hay gente que no está hecha para la riqueza, que solo puede vivir en la miseria, ¿verdad, hermanita?".Amara se giró hacia ella; siendo bastante más alta, la miró desde arriba y con una sonrisa le respondió: "Gisela, parece que al menos eres consciente de tu situación, tu destino humilde ciertamente no puede ocultar la riqueza".Gisela quería destrozarle la boca por esas palabras, pero Amara ni siquiera se molestó en mirarla más, estaba decidida a subirse a la moto para ver cómo eran sus verdaderos padres. Si resultaban ser como la familia Pinto, no se quedaría con ellos; se acercó a Paco y con una voz fría dijo: "Vamos, Paco"."Por favor, suba a la moto, señorita", le dijo Paco con algo de apuro, pero haciendo un gesto de invitación. No había de otra, no pudo conseguir otro vehículo y tuvo que venir en la moto de tres ruedas.Paco, aún incómodo, trató de justificarse: "Señorita Amara, lamento esta incomodidad, solo pude conseguir prestada esta moto a última hora. En cuanto el carro esté arreglado, las cosas serán diferentes".Los sirvientes que espiaban desde la puerta estaban atónitos."¡Qué hipócritas son en la familia Blanco! Claramente él es el verdadero papá de Amara y se hace pasar por chofer"."¡Totalmente de acuerdo! ¿Cómo pueden fingir tanto, viviendo en un basurero?"."Si van a fingir, que lo hagan bien, ¿qué significa venir en esa moto destartalada?"."¡Qué mala suerte, me da asco!".

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