La "niña buena" Cecilia lo perdió todo cuando su prometido la traicionó. Él contrató a más de diez matones para que la humillaran, le organizó un funeral, le cambió el nombre y la obligó a casarse con un viejo... Acorralada, Cecilia descubre que el amor no vale tanto como el dinero y el poder, y decide ir por lo más alto. Así, pasa una noche inolvidable con Zack Aguilar, el heredero más codiciado de la élite del país. Lo que ninguno espera, ¡es que la abuela de él los obligue a casarse! Él jura ni mirarla, pero apenas la ve en la noche de bodas… se enamora y cae rendido a sus pies. Más tarde, el ex quiere volver arrastrándose, pero ella se transforma de princesita asustada en reina imparable. Esta vez, todo —el amor, el dinero y el poder— serán solo suyos… o de nadie. Y Zack, sin dudar, le ofrece su ayuda: "Amorcito, tú hazte cargo de tus enemigos; si se ponen pesados, ¡yo me encargo de borrarlos del mapa!"

Capítulo 1—¡Rápido, búsquenla, que no se escape!—El sudor resbalaba por la frente de Cecilia Vidal, goteando en sus ojos y provocando un escozor agudo, pero no se atrevía ni a parpadear. Con ambas manos, se aferraba a la puerta con todas sus fuerzas.Al otro lado, el eco de pasos desordenados y un torrente de groserías se filtraban con una claridad espantosa por la rendija.—¿Estás seguro? ¿La viste subir a este piso?—Un grupo de hombres corpulentos subió corriendo por las escaleras, jadeando, mientras sus miradas barrían el pasillo.—La vi con mis propios ojos. Si no está aquí, ¿qué, le salieron alas y se fue volando?——Dense prisa. El jefe Díaz ya dio la orden. Los muchachos de abajo ya están listos. En cuanto la atrapemos, la llevamos directo al almacén de atrás. ¡Hay más de diez parceros esperando para "atender" a esta señorita!—Una risa lasciva resonó, cargada de una expectación maliciosa. —Con esa piel tan suave y delicada, nos vamos a dar un buen gusto...——¡Rápido, no vayan a molestar a los huéspedes importantes del último piso! Especialmente la habitación del fondo. Escuché que el heredero de la familia Aguilar está ahí esta noche. Si lo molestamos, ¡nos la vamos a ver negras!—Más de diez matones, un almacén...Un miedo helado le recorrió la espalda, y el latido de su corazón retumbaba en sus oídos con una fuerza ensordecedora.El jefe Díaz del que hablaban era su esposo y el amor de su infancia, Samuel Díaz.Hacía dos años, la familia de Cecilia se había declarado en bancarrota. Su madre se había suicidado, su padre había terminado en la cárcel, y una deuda de cientos de millones había caído sobre sus hombros, dejándola acorralada por los acreedores.En su momento más oscuro, fue Samuel quien, desafiando a su familia, se arrodilló durante tres días y tres noches en la capilla familiar, insistiendo en casarse con ella.Pero al día siguiente de registrar su matrimonio, el barco en el que Samuel viajaba a Estados Unidos naufragó. Nunca encontraron su cuerpo.Todos le dijeron que lo olvidara, que perdiera la esperanza, pero solo ella se negó a rendirse. Mientras mantenía a flote la empresa familiar, que se tambaleaba, y guardaba su puesto, buscaba sin descanso cualquier noticia sobre su paradero.Hace tres meses, Samuel reapareció, un verdadero milagro, pero había perdido la memoria.Regresó al país con la mujer con la que se había casado legalmente en el extranjero, Margarita Fernández, y la miraba con una frialdad y una distancia que la aniquilaban.Cecilia no se dio por vencida. Intentó de todo para que recuperara la memoria, pero solo recibió humillaciones y burlas. Y ahora, él mismo quería arrojarla a una jauría de matones.Samuel la había sacado del abismo, ¡y ahora era él quien la empujaba a uno aún más profundo!Los pasos se fueron apagando y el pasillo volvió a sumirse en un silencio sepulcral.Cecilia relajó un poco la tensión que la atenazaba. Estaba a salvo, por ahora.Pero antes de que pudiera soltar el aire por completo, un cuerpo anormalmente caliente se pegó a su espalda.Una mano grande, con una temperatura abrasadora, se cerró con fuerza alrededor de su delicado cuello.—¡Ugh!— La asfixia fue instantánea. Cecilia abrió los ojos, aterrorizada, e instintivamente intentó arrancar aquella mano que le robaba el aliento, pero fue inútil.Una respiración ardiente y agitada sopló en su nuca, cargada de una urgencia anormal y peligrosa.—¿Te envió mi abuela?— La voz del hombre era grave y ronca, llena de una violencia reprimida y una desconfianza palpable, como si cada palabra fuera arrancada de entre sus dientes.Cecilia fue aplastada contra la puerta. Su mejilla se pegaba a la madera fría, mientras la espalda del hombre era un horno ardiente contra la suya.La tortura de aquel contraste, sumada al dolor de la asfixia, hizo que su vista se nublara.Con dificultad, logró forzar unas palabras, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos por el puro dolor físico. —Nadie me envió... fue... fue una coincidencia...——¿Coincidencia?— El hombre soltó una risa fría y gutural. La mano en su garganta se apretó aún más, mientras la otra la sujetaba bruscamente por la cintura, pegándola con más fuerza contra él. —¿Justo cuando me drogan, apareces tú en mi habitación? ¿Eh?—¿Drogado?El corazón de Cecilia se hundió. De repente, comprendió la razón de su extraño comportamiento.Su cuerpo, que ardía como un horno, su fuerza descontrolada, su voz ronca y teñida de deseo... todo encajaba.—No sé...— Luchó con todas sus fuerzas, sus uñas arañando el brazo de él y dejando marcas rojas.Pero la diferencia de fuerza era abismal; la mano que la sujetaba no se movió ni un centímetro.De repente, el hombre la giró, obligándola a mirarlo.En la penumbra, el rostro atractivo de él estaba sonrojado de una manera extraña, con las venas de la frente marcadas. Sus ojos oscuros y profundos bullían con una mezcla caótica de deseo y una fría intención asesina, una combinación contradictoria y aterradora.Las lágrimas de dolor resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre la mano de él.Desde afuera, se escuchó la voz baja y áspera del líder de los matones. —¡Idiota! ¡Esta es la habitación de Zack Aguilar! ¡Si quieres morir, hazlo solo! ¡Vayan a buscar al otro lado!—El nombre «Zack Aguilar» retumbó en la mente confundida de Cecilia como un relámpago.¿El loco que había salido del manicomio?Los matones lo habían mencionado antes, pero ella estaba tan concentrada en cómo escapar que no le había prestado atención.El último piso... la habitación del fondo... el heredero de los Aguilar... ¡Zack Aguilar!Zack, el segundo hijo de la familia Aguilar, la más poderosa de las cuatro grandes familias de la capital. Un famoso heredero conocido en su círculo por ser un picaflor que iba de flor en flor.Sus hazañas más notables incluían, entre otras cosas, perder una fortuna de la familia en una apuesta absurda, causar pérdidas de quinientos millones en solo tres días en la empresa, contratar a un mariachi para que cantara "Las Golondrinas" en el cumpleaños de su padre y regalarle a su madrastra un plan funerario prepagado...A los dieciocho años, su madrastra lo había internado en un hospital psiquiátrico y, después de ser enviado al extranjero, no se había sabido más de él.Cecilia se quedó helada.Acababa de salir de la guarida del lobo para caer en la del tigre.¡No, espera!La abuela... drogado...Al unir esas palabras, Cecilia lo comprendió todo de golpe.Había oído rumores de que la abuela de los Aguilar le estaba buscando esposa a Zack, pero ninguna mujer se atrevía a casarse con él...¿Así que el plan de la abuela era forzar la situación y hacer que una mujer se le tirara encima a su propio nieto?Afuera la esperaban más de diez matones listos para arrastrarla al infierno, donde su honra, su dignidad e incluso su vida corrían peligro.El tipo que tenía delante, aunque fuera un heredero problemático, pertenecía a la familia Aguilar, un nombre que infundía respeto y temor en toda la capital.Entre un hombre poderoso y un montón de matones, la elección era clara.Ya que el amor no valía nada, ¡entonces se aferraría al premio más gordo!Además, Zack no era ningún santo, así que podía acostarse con él sin remordimientos.Cecilia dejó de luchar y, en su lugar, rodeó sus hombros con los brazos.Se puso de puntillas, levantó la cabeza y sus ojos húmedos se encontraron con la mirada de Zack.¡Al instante siguiente!Los suaves labios de la chica se posaron sobre los suyos.En el momento en que sus labios se tocaron, Zack se quedó rígido. La mano que le oprimía el cuello se aflojó un poco y su respiración se volvió aún más pesada.Cecilia no retrocedió. La punta de su lengua rozó suavemente la comisura de sus labios ardientes.Pudo sentir claramente cómo su cuerpo se tensaba, cómo el efecto de la droga hervía en su sangre.Supo que su primera apuesta había sido la correcta.Se detuvo a propósito, deslizando los dedos por sus hombros hasta enganchar su corbata y tirar de él hacia ella. Su voz, ahora un susurro seductor, le dijo: —¿Te sientes mal, verdad? Yo te ayudo...—Sin terminar la frase, lo besó de nuevo, esta vez sin vacilar, abriendo paso entre sus labios y dientes, torpe pero decidida a entregarse.Suave...¡La mujer en sus brazos era fragante y suave!Su voz también era hermosa, y sonaría aún mejor cuando gimiera.Ese pensamiento estalló en su mente. Un gemido profundo y ronco escapó de la garganta de Zack. La droga venció a su cautela y, por un momento, perdió toda la razón.La mano que la sujetaba se movió hacia su nuca, y él tomó el control, profundizando el beso, su aliento ardiente casi consumiéndola.Mientras él estaba perdido en el momento, Cecilia apoyó las manos en su pecho y se impulsó con fuerza.Zack, debilitado por la droga y sorprendido por su movimiento, trastabilló hacia atrás y cayó pesadamente sobre el borde de la cama.Antes de que pudiera reaccionar, Cecilia se abalanzó sobre él, apoyando una rodilla en el colchón y empujándolo por los hombros hasta tumbarlo por completo en la suave cama.Apoyada sobre sus brazos, lo miró desde arriba. Ya no había miedo en sus ojos, solo un cálculo frío y una determinación absoluta. Las lágrimas se habían secado, pero el rastro rojizo en el rabillo de sus ojos la hacía aún más seductora.La mano de Zack en su cintura se apretó con más fuerza.Cecilia se mordió el labio, tomó una almohada y la colocó debajo de sus caderas.—¡Fuera de aquí!— gritó Zack, recuperando la lucidez por un instante, su voz cargada de furia.Cecilia, sintiéndose incómoda y adolorida, respondió con un tono quejumbroso y suave, casi como un sollozo: —¡No quiero!—Zack se quedó sin palabras.Al principio, fue ella quien lo buscó una y otra vez.Luego, fue él quien, una vez que le agarró el gusto, se volvió insaciable, como un lobo hambriento.El cielo comenzaba a clarear...Cecilia no había dormido en toda la noche. Sentía el cuerpo como si lo hubieran desarmado y vuelto a armar.Las imágenes caóticas y ardientes de la noche anterior invadieron su mente, haciéndola sonrojar desde las orejas hasta el cuello.¿De verdad Zack era un picaflor que iba de flor en flor?¡Toda la noche!¡Al principio, no tenía ni la más mínima técnica!¿Era esa la reacción de alguien que cambiaba de novia más rápido que de camisa?El hecho de que no la hubiera matado ya era un mérito de Cecilia.Cecilia quitó las dos almohadas que había colocado debajo de sus caderas y las arrojó al otro lado de la cama.Para su mala suerte, ¡una de las almohadas aterrizó directamente en la cara del hombre!—¡Fuera!— se escuchó un gruñido de profundo descontento a su lado.Recordando sus "hazañas", Cecilia sintió un escalofrío y, rápidamente, retiró la almohada con mucho cuidado.Había leído que poner una almohada debajo de las caderas aumentaba las posibilidades de concebir, y no la había quitado en ningún momento. Esa era su única oportunidad de aferrarse a la familia Aguilar.Cecilia se levantó y miró la ropa que llevaba la noche anterior.Los tirantes estaban rotos y la tela hecha jirones. ¡Era imposible ponérsela!Instintivamente, miró hacia el armario. Estaba lleno de ropa de él, principalmente en tonos negros, blancos y grises, lo que no parecía encajar con su estilo excéntrico.Su mirada se posó en el hombre.Sin la violencia y el deseo de la noche anterior, los rasgos de Zack, mientras dormía, eran excepcionalmente atractivos. Sus pestañas eran largas y espesas, proyectando una pequeña sombra sobre sus párpados. Tenía una nariz recta y labios finos ligeramente apretados... su apariencia era, sin duda, celestial.Viendo que el cielo comenzaba a clarear, Cecilia no se atrevió a demorar más. Temía las represalias del heredero.Tomó una camisa blanca de su armario y se la puso. Se arremangó las mangas y usó el cinturón de su propio vestido blanco para ajustarla a su cintura.Ya era otoño y hacía un poco de frío afuera, así que, sin dudarlo, tomó también la chaqueta negra de un traje que estaba a mano.Zack medía 1.89 m, y su ropa en el cuerpo de 1.67 m de Cecilia le daba un aire de gran tamaño, muy a la moda.El día ya había amanecido por completo. Cecilia se dio la vuelta para salir y, de reojo, vio una cámara de seguridad al final del pasillo, por lo que agachó aún más la cabeza.Después de salir del hotel, fue directamente a una farmacia que abría las 24 horas.La farmacéutica de turno estaba tan somnolienta que apenas podía mantenerse en pie. Al ver a Cecilia detenerse frente a los anticonceptivos, bostezó y le dijo: —La píldora del día después está en el segundo estante a tu izquierda. La primera marca es la más efectiva.—Las marcas rojas y sugerentes en su cuello eran demasiado evidentes.A esa hora, una chica que aparecía en una farmacia con tanta prisa, lo más probable es que estuviera buscando un anticonceptivo de emergencia."¿Qué clase de patán?", pensó la farmacéutica. "Solo por su propio placer, hace que la chica tenga que tomar esas pastillas. ¿Acaso no sabe que son malas para su salud?".¡Qué desgraciado!La empleada, viendo a la chica de aspecto dulce y vulnerable, sintió lástima. Haciendo un esfuerzo por espabilarse, se levantó, tomó una caja y se la entregó. —Toma esta, tiene un mejor efecto anticonceptivo.—Cecilia dudó un instante. —¿Tiene algún medicamento para ayudar a la concepción?—La caja de pastillas se quedó suspendida en el aire. El sueño de la farmacéutica se desvaneció por completo. Creyendo haber oído mal, volvió a preguntar: —¿Para... para ayudar a la concepción?—Cecilia apretó el borde de la camisa con los dedos, sus nudillos se pusieron blancos. Con la mirada baja, respondió: —Sí. Mi... mi esposo tiene un conteo bajo de esperma. Llevamos mucho tiempo intentando tener un bebé. Ayer justo estaba ovulando, y como no siempre tenemos la oportunidad, quisiera aumentar nuestras posibilidades.—Esa explicación, combinada con su apariencia de "mosquita muerta", hizo que la empleada lo entendiera todo al instante.Así que no era un desgraciado aprovechado, ¡sino una pareja con dificultades!Su mirada hacia Cecilia cambió de inmediato, de compasión por tener que comprar la píldora a compasión por su difícil situación.—¡Ah, claro! ¡Entiendo, entiendo!— La empleada devolvió rápidamente la caja de anticonceptivos de emergencia al estante y su actitud se volvió mucho más cálida. —¡Sí, sí tenemos! Ven conmigo, por aquí tenemos varias marcas de suplementos para la fertilidad. Principalmente contienen ácido fólico, vitamina E... ayudan a crear un mejor ambiente para la concepción...—La empleada le explicó con entusiasmo, y Cecilia escuchaba atentamente, asintiendo de vez en cuando.—En realidad, tomar esto es secundario. Deberías llevar a tu esposo a una buena clínica de fertilidad. Los médicos de allí son muy profesionales.——De acuerdo, gracias.— Cecilia respondió mientras pagaba, pero de repente sintió un escalofrío inexplicable.¿Conteo bajo de esperma? Si Zack se enterara de que andaba diciendo eso de él, con su carácter excéntrico y violento, la venganza no sería nada sencilla.Probablemente no vería el sol del día siguiente....En la suite presidencial del último piso del hotel, todo era un caos.Zack Aguilar acababa de despertar. Apoyó su cabeza, todavía aturdida, en el cabecero de la cama, abrazando una almohada.En la habitación aún flotaba el aire cargado y sensual de la noche anterior, una atmósfera de ambigüedad indescriptible.Esa jugada sucia de su abuela no tenía nombre. ¡Drogar a su propio nieto!¿Acaso no tenía suficientes nietos que abrazar?Capítulo 2—¡Rápido, búsquenla, que no se escape!—El sudor resbalaba por la frente de Cecilia Vidal, goteando en sus ojos y provocando un escozor agudo, pero no se atrevía ni a parpadear. Con ambas manos, se aferraba a la puerta con todas sus fuerzas.Al otro lado, el eco de pasos desordenados y un torrente de groserías se filtraban con una claridad espantosa por la rendija.—¿Estás seguro? ¿La viste subir a este piso?—Un grupo de hombres corpulentos subió corriendo por las escaleras, jadeando, mientras sus miradas barrían el pasillo.—La vi con mis propios ojos. Si no está aquí, ¿qué, le salieron alas y se fue volando?——Dense prisa. El jefe Díaz ya dio la orden. Los muchachos de abajo ya están listos. En cuanto la atrapemos, la llevamos directo al almacén de atrás. ¡Hay más de diez parceros esperando para "atender" a esta señorita!—Una risa lasciva resonó, cargada de una expectación maliciosa. —Con esa piel tan suave y delicada, nos vamos a dar un buen gusto...——¡Rápido, no vayan a molestar a los huéspedes importantes del último piso! Especialmente la habitación del fondo. Escuché que el heredero de la familia Aguilar está ahí esta noche. Si lo molestamos, ¡nos la vamos a ver negras!—Más de diez matones, un almacén...Un miedo helado le recorrió la espalda, y el latido de su corazón retumbaba en sus oídos con una fuerza ensordecedora.El jefe Díaz del que hablaban era su esposo y el amor de su infancia, Samuel Díaz.Hacía dos años, la familia de Cecilia se había declarado en bancarrota. Su madre se había suicidado, su padre había terminado en la cárcel, y una deuda de cientos de millones había caído sobre sus hombros, dejándola acorralada por los acreedores.En su momento más oscuro, fue Samuel quien, desafiando a su familia, se arrodilló durante tres días y tres noches en la capilla familiar, insistiendo en casarse con ella.Pero al día siguiente de registrar su matrimonio, el barco en el que Samuel viajaba a Estados Unidos naufragó. Nunca encontraron su cuerpo.Todos le dijeron que lo olvidara, que perdiera la esperanza, pero solo ella se negó a rendirse. Mientras mantenía a flote la empresa familiar, que se tambaleaba, y guardaba su puesto, buscaba sin descanso cualquier noticia sobre su paradero.Hace tres meses, Samuel reapareció, un verdadero milagro, pero había perdido la memoria.Regresó al país con la mujer con la que se había casado legalmente en el extranjero, Margarita Fernández, y la miraba con una frialdad y una distancia que la aniquilaban.Cecilia no se dio por vencida. Intentó de todo para que recuperara la memoria, pero solo recibió humillaciones y burlas. Y ahora, él mismo quería arrojarla a una jauría de matones.Samuel la había sacado del abismo, ¡y ahora era él quien la empujaba a uno aún más profundo!Los pasos se fueron apagando y el pasillo volvió a sumirse en un silencio sepulcral.Cecilia relajó un poco la tensión que la atenazaba. Estaba a salvo, por ahora.Pero antes de que pudiera soltar el aire por completo, un cuerpo anormalmente caliente se pegó a su espalda.Una mano grande, con una temperatura abrasadora, se cerró con fuerza alrededor de su delicado cuello.—¡Ugh!— La asfixia fue instantánea. Cecilia abrió los ojos, aterrorizada, e instintivamente intentó arrancar aquella mano que le robaba el aliento, pero fue inútil.Una respiración ardiente y agitada sopló en su nuca, cargada de una urgencia anormal y peligrosa.—¿Te envió mi abuela?— La voz del hombre era grave y ronca, llena de una violencia reprimida y una desconfianza palpable, como si cada palabra fuera arrancada de entre sus dientes.Cecilia fue aplastada contra la puerta. Su mejilla se pegaba a la madera fría, mientras la espalda del hombre era un horno ardiente contra la suya.La tortura de aquel contraste, sumada al dolor de la asfixia, hizo que su vista se nublara.Con dificultad, logró forzar unas palabras, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos por el puro dolor físico. —Nadie me envió... fue... fue una coincidencia...——¿Coincidencia?— El hombre soltó una risa fría y gutural. La mano en su garganta se apretó aún más, mientras la otra la sujetaba bruscamente por la cintura, pegándola con más fuerza contra él. —¿Justo cuando me drogan, apareces tú en mi habitación? ¿Eh?—¿Drogado?El corazón de Cecilia se hundió. De repente, comprendió la razón de su extraño comportamiento.Su cuerpo, que ardía como un horno, su fuerza descontrolada, su voz ronca y teñida de deseo... todo encajaba.—No sé...— Luchó con todas sus fuerzas, sus uñas arañando el brazo de él y dejando marcas rojas.Pero la diferencia de fuerza era abismal; la mano que la sujetaba no se movió ni un centímetro.De repente, el hombre la giró, obligándola a mirarlo.En la penumbra, el rostro atractivo de él estaba sonrojado de una manera extraña, con las venas de la frente marcadas. Sus ojos oscuros y profundos bullían con una mezcla caótica de deseo y una fría intención asesina, una combinación contradictoria y aterradora.Las lágrimas de dolor resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre la mano de él.Desde afuera, se escuchó la voz baja y áspera del líder de los matones. —¡Idiota! ¡Esta es la habitación de Zack Aguilar! ¡Si quieres morir, hazlo solo! ¡Vayan a buscar al otro lado!—El nombre «Zack Aguilar» retumbó en la mente confundida de Cecilia como un relámpago.¿El loco que había salido del manicomio?Los matones lo habían mencionado antes, pero ella estaba tan concentrada en cómo escapar que no le había prestado atención.El último piso... la habitación del fondo... el heredero de los Aguilar... ¡Zack Aguilar!Zack, el segundo hijo de la familia Aguilar, la más poderosa de las cuatro grandes familias de la capital. Un famoso heredero conocido en su círculo por ser un picaflor que iba de flor en flor.Sus hazañas más notables incluían, entre otras cosas, perder una fortuna de la familia en una apuesta absurda, causar pérdidas de quinientos millones en solo tres días en la empresa, contratar a un mariachi para que cantara "Las Golondrinas" en el cumpleaños de su padre y regalarle a su madrastra un plan funerario prepagado...A los dieciocho años, su madrastra lo había internado en un hospital psiquiátrico y, después de ser enviado al extranjero, no se había sabido más de él.Cecilia se quedó helada.Acababa de salir de la guarida del lobo para caer en la del tigre.¡No, espera!La abuela... drogado...Al unir esas palabras, Cecilia lo comprendió todo de golpe.Había oído rumores de que la abuela de los Aguilar le estaba buscando esposa a Zack, pero ninguna mujer se atrevía a casarse con él...¿Así que el plan de la abuela era forzar la situación y hacer que una mujer se le tirara encima a su propio nieto?Afuera la esperaban más de diez matones listos para arrastrarla al infierno, donde su honra, su dignidad e incluso su vida corrían peligro.El tipo que tenía delante, aunque fuera un heredero problemático, pertenecía a la familia Aguilar, un nombre que infundía respeto y temor en toda la capital.Entre un hombre poderoso y un montón de matones, la elección era clara.Ya que el amor no valía nada, ¡entonces se aferraría al premio más gordo!Además, Zack no era ningún santo, así que podía acostarse con él sin remordimientos.Cecilia dejó de luchar y, en su lugar, rodeó sus hombros con los brazos.Se puso de puntillas, levantó la cabeza y sus ojos húmedos se encontraron con la mirada de Zack.¡Al instante siguiente!Los suaves labios de la chica se posaron sobre los suyos.En el momento en que sus labios se tocaron, Zack se quedó rígido. La mano que le oprimía el cuello se aflojó un poco y su respiración se volvió aún más pesada.Cecilia no retrocedió. La punta de su lengua rozó suavemente la comisura de sus labios ardientes.Pudo sentir claramente cómo su cuerpo se tensaba, cómo el efecto de la droga hervía en su sangre.Supo que su primera apuesta había sido la correcta.Se detuvo a propósito, deslizando los dedos por sus hombros hasta enganchar su corbata y tirar de él hacia ella. Su voz, ahora un susurro seductor, le dijo: —¿Te sientes mal, verdad? Yo te ayudo...—Sin terminar la frase, lo besó de nuevo, esta vez sin vacilar, abriendo paso entre sus labios y dientes, torpe pero decidida a entregarse.Suave...¡La mujer en sus brazos era fragante y suave!Su voz también era hermosa, y sonaría aún mejor cuando gimiera.Ese pensamiento estalló en su mente. Un gemido profundo y ronco escapó de la garganta de Zack. La droga venció a su cautela y, por un momento, perdió toda la razón.La mano que la sujetaba se movió hacia su nuca, y él tomó el control, profundizando el beso, su aliento ardiente casi consumiéndola.Mientras él estaba perdido en el momento, Cecilia apoyó las manos en su pecho y se impulsó con fuerza.Zack, debilitado por la droga y sorprendido por su movimiento, trastabilló hacia atrás y cayó pesadamente sobre el borde de la cama.Antes de que pudiera reaccionar, Cecilia se abalanzó sobre él, apoyando una rodilla en el colchón y empujándolo por los hombros hasta tumbarlo por completo en la suave cama.Apoyada sobre sus brazos, lo miró desde arriba. Ya no había miedo en sus ojos, solo un cálculo frío y una determinación absoluta. Las lágrimas se habían secado, pero el rastro rojizo en el rabillo de sus ojos la hacía aún más seductora.La mano de Zack en su cintura se apretó con más fuerza.Cecilia se mordió el labio, tomó una almohada y la colocó debajo de sus caderas.—¡Fuera de aquí!— gritó Zack, recuperando la lucidez por un instante, su voz cargada de furia.Cecilia, sintiéndose incómoda y adolorida, respondió con un tono quejumbroso y suave, casi como un sollozo: —¡No quiero!—Zack se quedó sin palabras.Al principio, fue ella quien lo buscó una y otra vez.Luego, fue él quien, una vez que le agarró el gusto, se volvió insaciable, como un lobo hambriento.El cielo comenzaba a clarear...Cecilia no había dormido en toda la noche. Sentía el cuerpo como si lo hubieran desarmado y vuelto a armar.Las imágenes caóticas y ardientes de la noche anterior invadieron su mente, haciéndola sonrojar desde las orejas hasta el cuello.¿De verdad Zack era un picaflor que iba de flor en flor?¡Toda la noche!¡Al principio, no tenía ni la más mínima técnica!¿Era esa la reacción de alguien que cambiaba de novia más rápido que de camisa?El hecho de que no la hubiera matado ya era un mérito de Cecilia.Cecilia quitó las dos almohadas que había colocado debajo de sus caderas y las arrojó al otro lado de la cama.Para su mala suerte, ¡una de las almohadas aterrizó directamente en la cara del hombre!—¡Fuera!— se escuchó un gruñido de profundo descontento a su lado.Recordando sus "hazañas", Cecilia sintió un escalofrío y, rápidamente, retiró la almohada con mucho cuidado.Había leído que poner una almohada debajo de las caderas aumentaba las posibilidades de concebir, y no la había quitado en ningún momento. Esa era su única oportunidad de aferrarse a la familia Aguilar.Cecilia se levantó y miró la ropa que llevaba la noche anterior.Los tirantes estaban rotos y la tela hecha jirones. ¡Era imposible ponérsela!Instintivamente, miró hacia el armario. Estaba lleno de ropa de él, principalmente en tonos negros, blancos y grises, lo que no parecía encajar con su estilo excéntrico.Su mirada se posó en el hombre.Sin la violencia y el deseo de la noche anterior, los rasgos de Zack, mientras dormía, eran excepcionalmente atractivos. Sus pestañas eran largas y espesas, proyectando una pequeña sombra sobre sus párpados. Tenía una nariz recta y labios finos ligeramente apretados... su apariencia era, sin duda, celestial.Viendo que el cielo comenzaba a clarear, Cecilia no se atrevió a demorar más. Temía las represalias del heredero.Tomó una camisa blanca de su armario y se la puso. Se arremangó las mangas y usó el cinturón de su propio vestido blanco para ajustarla a su cintura.Ya era otoño y hacía un poco de frío afuera, así que, sin dudarlo, tomó también la chaqueta negra de un traje que estaba a mano.Zack medía 1.89 m, y su ropa en el cuerpo de 1.67 m de Cecilia le daba un aire de gran tamaño, muy a la moda.El día ya había amanecido por completo. Cecilia se dio la vuelta para salir y, de reojo, vio una cámara de seguridad al final del pasillo, por lo que agachó aún más la cabeza.Después de salir del hotel, fue directamente a una farmacia que abría las 24 horas.La farmacéutica de turno estaba tan somnolienta que apenas podía mantenerse en pie. Al ver a Cecilia detenerse frente a los anticonceptivos, bostezó y le dijo: —La píldora del día después está en el segundo estante a tu izquierda. La primera marca es la más efectiva.—Las marcas rojas y sugerentes en su cuello eran demasiado evidentes.A esa hora, una chica que aparecía en una farmacia con tanta prisa, lo más probable es que estuviera buscando un anticonceptivo de emergencia."¿Qué clase de patán?", pensó la farmacéutica. "Solo por su propio placer, hace que la chica tenga que tomar esas pastillas. ¿Acaso no sabe que son malas para su salud?".¡Qué desgraciado!La empleada, viendo a la chica de aspecto dulce y vulnerable, sintió lástima. Haciendo un esfuerzo por espabilarse, se levantó, tomó una caja y se la entregó. —Toma esta, tiene un mejor efecto anticonceptivo.—Cecilia dudó un instante. —¿Tiene algún medicamento para ayudar a la concepción?—La caja de pastillas se quedó suspendida en el aire. El sueño de la farmacéutica se desvaneció por completo. Creyendo haber oído mal, volvió a preguntar: —¿Para... para ayudar a la concepción?—Cecilia apretó el borde de la camisa con los dedos, sus nudillos se pusieron blancos. Con la mirada baja, respondió: —Sí. Mi... mi esposo tiene un conteo bajo de esperma. Llevamos mucho tiempo intentando tener un bebé. Ayer justo estaba ovulando, y como no siempre tenemos la oportunidad, quisiera aumentar nuestras posibilidades.—Esa explicación, combinada con su apariencia de "mosquita muerta", hizo que la empleada lo entendiera todo al instante.Así que no era un desgraciado aprovechado, ¡sino una pareja con dificultades!Su mirada hacia Cecilia cambió de inmediato, de compasión por tener que comprar la píldora a compasión por su difícil situación.—¡Ah, claro! ¡Entiendo, entiendo!— La empleada devolvió rápidamente la caja de anticonceptivos de emergencia al estante y su actitud se volvió mucho más cálida. —¡Sí, sí tenemos! Ven conmigo, por aquí tenemos varias marcas de suplementos para la fertilidad. Principalmente contienen ácido fólico, vitamina E... ayudan a crear un mejor ambiente para la concepción...—La empleada le explicó con entusiasmo, y Cecilia escuchaba atentamente, asintiendo de vez en cuando.—En realidad, tomar esto es secundario. Deberías llevar a tu esposo a una buena clínica de fertilidad. Los médicos de allí son muy profesionales.——De acuerdo, gracias.— Cecilia respondió mientras pagaba, pero de repente sintió un escalofrío inexplicable.¿Conteo bajo de esperma? Si Zack se enterara de que andaba diciendo eso de él, con su carácter excéntrico y violento, la venganza no sería nada sencilla.Probablemente no vería el sol del día siguiente....En la suite presidencial del último piso del hotel, todo era un caos.Zack Aguilar acababa de despertar. Apoyó su cabeza, todavía aturdida, en el cabecero de la cama, abrazando una almohada.En la habitación aún flotaba el aire cargado y sensual de la noche anterior, una atmósfera de ambigüedad indescriptible.Esa jugada sucia de su abuela no tenía nombre. ¡Drogar a su propio nieto!¿Acaso no tenía suficientes nietos que abrazar?Capítulo 3—¡Rápido, búsquenla, que no se escape!—El sudor resbalaba por la frente de Cecilia Vidal, goteando en sus ojos y provocando un escozor agudo, pero no se atrevía ni a parpadear. Con ambas manos, se aferraba a la puerta con todas sus fuerzas.Al otro lado, el eco de pasos desordenados y un torrente de groserías se filtraban con una claridad espantosa por la rendija.—¿Estás seguro? ¿La viste subir a este piso?—Un grupo de hombres corpulentos subió corriendo por las escaleras, jadeando, mientras sus miradas barrían el pasillo.—La vi con mis propios ojos. Si no está aquí, ¿qué, le salieron alas y se fue volando?——Dense prisa. El jefe Díaz ya dio la orden. Los muchachos de abajo ya están listos. En cuanto la atrapemos, la llevamos directo al almacén de atrás. ¡Hay más de diez parceros esperando para "atender" a esta señorita!—Una risa lasciva resonó, cargada de una expectación maliciosa. —Con esa piel tan suave y delicada, nos vamos a dar un buen gusto...——¡Rápido, no vayan a molestar a los huéspedes importantes del último piso! Especialmente la habitación del fondo. Escuché que el heredero de la familia Aguilar está ahí esta noche. Si lo molestamos, ¡nos la vamos a ver negras!—Más de diez matones, un almacén...Un miedo helado le recorrió la espalda, y el latido de su corazón retumbaba en sus oídos con una fuerza ensordecedora.El jefe Díaz del que hablaban era su esposo y el amor de su infancia, Samuel Díaz.Hacía dos años, la familia de Cecilia se había declarado en bancarrota. Su madre se había suicidado, su padre había terminado en la cárcel, y una deuda de cientos de millones había caído sobre sus hombros, dejándola acorralada por los acreedores.En su momento más oscuro, fue Samuel quien, desafiando a su familia, se arrodilló durante tres días y tres noches en la capilla familiar, insistiendo en casarse con ella.Pero al día siguiente de registrar su matrimonio, el barco en el que Samuel viajaba a Estados Unidos naufragó. Nunca encontraron su cuerpo.Todos le dijeron que lo olvidara, que perdiera la esperanza, pero solo ella se negó a rendirse. Mientras mantenía a flote la empresa familiar, que se tambaleaba, y guardaba su puesto, buscaba sin descanso cualquier noticia sobre su paradero.Hace tres meses, Samuel reapareció, un verdadero milagro, pero había perdido la memoria.Regresó al país con la mujer con la que se había casado legalmente en el extranjero, Margarita Fernández, y la miraba con una frialdad y una distancia que la aniquilaban.Cecilia no se dio por vencida. Intentó de todo para que recuperara la memoria, pero solo recibió humillaciones y burlas. Y ahora, él mismo quería arrojarla a una jauría de matones.Samuel la había sacado del abismo, ¡y ahora era él quien la empujaba a uno aún más profundo!Los pasos se fueron apagando y el pasillo volvió a sumirse en un silencio sepulcral.Cecilia relajó un poco la tensión que la atenazaba. Estaba a salvo, por ahora.Pero antes de que pudiera soltar el aire por completo, un cuerpo anormalmente caliente se pegó a su espalda.Una mano grande, con una temperatura abrasadora, se cerró con fuerza alrededor de su delicado cuello.—¡Ugh!— La asfixia fue instantánea. Cecilia abrió los ojos, aterrorizada, e instintivamente intentó arrancar aquella mano que le robaba el aliento, pero fue inútil.Una respiración ardiente y agitada sopló en su nuca, cargada de una urgencia anormal y peligrosa.—¿Te envió mi abuela?— La voz del hombre era grave y ronca, llena de una violencia reprimida y una desconfianza palpable, como si cada palabra fuera arrancada de entre sus dientes.Cecilia fue aplastada contra la puerta. Su mejilla se pegaba a la madera fría, mientras la espalda del hombre era un horno ardiente contra la suya.La tortura de aquel contraste, sumada al dolor de la asfixia, hizo que su vista se nublara.Con dificultad, logró forzar unas palabras, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos por el puro dolor físico. —Nadie me envió... fue... fue una coincidencia...——¿Coincidencia?— El hombre soltó una risa fría y gutural. La mano en su garganta se apretó aún más, mientras la otra la sujetaba bruscamente por la cintura, pegándola con más fuerza contra él. —¿Justo cuando me drogan, apareces tú en mi habitación? ¿Eh?—¿Drogado?El corazón de Cecilia se hundió. De repente, comprendió la razón de su extraño comportamiento.Su cuerpo, que ardía como un horno, su fuerza descontrolada, su voz ronca y teñida de deseo... todo encajaba.—No sé...— Luchó con todas sus fuerzas, sus uñas arañando el brazo de él y dejando marcas rojas.Pero la diferencia de fuerza era abismal; la mano que la sujetaba no se movió ni un centímetro.De repente, el hombre la giró, obligándola a mirarlo.En la penumbra, el rostro atractivo de él estaba sonrojado de una manera extraña, con las venas de la frente marcadas. Sus ojos oscuros y profundos bullían con una mezcla caótica de deseo y una fría intención asesina, una combinación contradictoria y aterradora.Las lágrimas de dolor resbalaron por sus mejillas y cayeron sobre la mano de él.Desde afuera, se escuchó la voz baja y áspera del líder de los matones. —¡Idiota! ¡Esta es la habitación de Zack Aguilar! ¡Si quieres morir, hazlo solo! ¡Vayan a buscar al otro lado!—El nombre «Zack Aguilar» retumbó en la mente confundida de Cecilia como un relámpago.¿El loco que había salido del manicomio?Los matones lo habían mencionado antes, pero ella estaba tan concentrada en cómo escapar que no le había prestado atención.El último piso... la habitación del fondo... el heredero de los Aguilar... ¡Zack Aguilar!Zack, el segundo hijo de la familia Aguilar, la más poderosa de las cuatro grandes familias de la capital. Un famoso heredero conocido en su círculo por ser un picaflor que iba de flor en flor.Sus hazañas más notables incluían, entre otras cosas, perder una fortuna de la familia en una apuesta absurda, causar pérdidas de quinientos millones en solo tres días en la empresa, contratar a un mariachi para que cantara "Las Golondrinas" en el cumpleaños de su padre y regalarle a su madrastra un plan funerario prepagado...A los dieciocho años, su madrastra lo había internado en un hospital psiquiátrico y, después de ser enviado al extranjero, no se había sabido más de él.Cecilia se quedó helada.Acababa de salir de la guarida del lobo para caer en la del tigre.¡No, espera!La abuela... drogado...Al unir esas palabras, Cecilia lo comprendió todo de golpe.Había oído rumores de que la abuela de los Aguilar le estaba buscando esposa a Zack, pero ninguna mujer se atrevía a casarse con él...¿Así que el plan de la abuela era forzar la situación y hacer que una mujer se le tirara encima a su propio nieto?Afuera la esperaban más de diez matones listos para arrastrarla al infierno, donde su honra, su dignidad e incluso su vida corrían peligro.El tipo que tenía delante, aunque fuera un heredero problemático, pertenecía a la familia Aguilar, un nombre que infundía respeto y temor en toda la capital.Entre un hombre poderoso y un montón de matones, la elección era clara.Ya que el amor no valía nada, ¡entonces se aferraría al premio más gordo!Además, Zack no era ningún santo, así que podía acostarse con él sin remordimientos.Cecilia dejó de luchar y, en su lugar, rodeó sus hombros con los brazos.Se puso de puntillas, levantó la cabeza y sus ojos húmedos se encontraron con la mirada de Zack.¡Al instante siguiente!Los suaves labios de la chica se posaron sobre los suyos.En el momento en que sus labios se tocaron, Zack se quedó rígido. La mano que le oprimía el cuello se aflojó un poco y su respiración se volvió aún más pesada.Cecilia no retrocedió. La punta de su lengua rozó suavemente la comisura de sus labios ardientes.Pudo sentir claramente cómo su cuerpo se tensaba, cómo el efecto de la droga hervía en su sangre.Supo que su primera apuesta había sido la correcta.Se detuvo a propósito, deslizando los dedos por sus hombros hasta enganchar su corbata y tirar de él hacia ella. Su voz, ahora un susurro seductor, le dijo: —¿Te sientes mal, verdad? Yo te ayudo...—Sin terminar la frase, lo besó de nuevo, esta vez sin vacilar, abriendo paso entre sus labios y dientes, torpe pero decidida a entregarse.Suave...¡La mujer en sus brazos era fragante y suave!Su voz también era hermosa, y sonaría aún mejor cuando gimiera.Ese pensamiento estalló en su mente. Un gemido profundo y ronco escapó de la garganta de Zack. La droga venció a su cautela y, por un momento, perdió toda la razón.La mano que la sujetaba se movió hacia su nuca, y él tomó el control, profundizando el beso, su aliento ardiente casi consumiéndola.Mientras él estaba perdido en el momento, Cecilia apoyó las manos en su pecho y se impulsó con fuerza.Zack, debilitado por la droga y sorprendido por su movimiento, trastabilló hacia atrás y cayó pesadamente sobre el borde de la cama.Antes de que pudiera reaccionar, Cecilia se abalanzó sobre él, apoyando una rodilla en el colchón y empujándolo por los hombros hasta tumbarlo por completo en la suave cama.Apoyada sobre sus brazos, lo miró desde arriba. Ya no había miedo en sus ojos, solo un cálculo frío y una determinación absoluta. Las lágrimas se habían secado, pero el rastro rojizo en el rabillo de sus ojos la hacía aún más seductora.La mano de Zack en su cintura se apretó con más fuerza.Cecilia se mordió el labio, tomó una almohada y la colocó debajo de sus caderas.—¡Fuera de aquí!— gritó Zack, recuperando la lucidez por un instante, su voz cargada de furia.Cecilia, sintiéndose incómoda y adolorida, respondió con un tono quejumbroso y suave, casi como un sollozo: —¡No quiero!—Zack se quedó sin palabras.Al principio, fue ella quien lo buscó una y otra vez.Luego, fue él quien, una vez que le agarró el gusto, se volvió insaciable, como un lobo hambriento.El cielo comenzaba a clarear...Cecilia no había dormido en toda la noche. Sentía el cuerpo como si lo hubieran desarmado y vuelto a armar.Las imágenes caóticas y ardientes de la noche anterior invadieron su mente, haciéndola sonrojar desde las orejas hasta el cuello.¿De verdad Zack era un picaflor que iba de flor en flor?¡Toda la noche!¡Al principio, no tenía ni la más mínima técnica!¿Era esa la reacción de alguien que cambiaba de novia más rápido que de camisa?El hecho de que no la hubiera matado ya era un mérito de Cecilia.Cecilia quitó las dos almohadas que había colocado debajo de sus caderas y las arrojó al otro lado de la cama.Para su mala suerte, ¡una de las almohadas aterrizó directamente en la cara del hombre!—¡Fuera!— se escuchó un gruñido de profundo descontento a su lado.Recordando sus "hazañas", Cecilia sintió un escalofrío y, rápidamente, retiró la almohada con mucho cuidado.Había leído que poner una almohada debajo de las caderas aumentaba las posibilidades de concebir, y no la había quitado en ningún momento. Esa era su única oportunidad de aferrarse a la familia Aguilar.Cecilia se levantó y miró la ropa que llevaba la noche anterior.Los tirantes estaban rotos y la tela hecha jirones. ¡Era imposible ponérsela!Instintivamente, miró hacia el armario. Estaba lleno de ropa de él, principalmente en tonos negros, blancos y grises, lo que no parecía encajar con su estilo excéntrico.Su mirada se posó en el hombre.Sin la violencia y el deseo de la noche anterior, los rasgos de Zack, mientras dormía, eran excepcionalmente atractivos. Sus pestañas eran largas y espesas, proyectando una pequeña sombra sobre sus párpados. Tenía una nariz recta y labios finos ligeramente apretados... su apariencia era, sin duda, celestial.Viendo que el cielo comenzaba a clarear, Cecilia no se atrevió a demorar más. Temía las represalias del heredero.Tomó una camisa blanca de su armario y se la puso. Se arremangó las mangas y usó el cinturón de su propio vestido blanco para ajustarla a su cintura.Ya era otoño y hacía un poco de frío afuera, así que, sin dudarlo, tomó también la chaqueta negra de un traje que estaba a mano.Zack medía 1.89 m, y su ropa en el cuerpo de 1.67 m de Cecilia le daba un aire de gran tamaño, muy a la moda.El día ya había amanecido por completo. Cecilia se dio la vuelta para salir y, de reojo, vio una cámara de seguridad al final del pasillo, por lo que agachó aún más la cabeza.Después de salir del hotel, fue directamente a una farmacia que abría las 24 horas.La farmacéutica de turno estaba tan somnolienta que apenas podía mantenerse en pie. Al ver a Cecilia detenerse frente a los anticonceptivos, bostezó y le dijo: —La píldora del día después está en el segundo estante a tu izquierda. La primera marca es la más efectiva.—Las marcas rojas y sugerentes en su cuello eran demasiado evidentes.A esa hora, una chica que aparecía en una farmacia con tanta prisa, lo más probable es que estuviera buscando un anticonceptivo de emergencia."¿Qué clase de patán?", pensó la farmacéutica. "Solo por su propio placer, hace que la chica tenga que tomar esas pastillas. ¿Acaso no sabe que son malas para su salud?".¡Qué desgraciado!La empleada, viendo a la chica de aspecto dulce y vulnerable, sintió lástima. Haciendo un esfuerzo por espabilarse, se levantó, tomó una caja y se la entregó. —Toma esta, tiene un mejor efecto anticonceptivo.—Cecilia dudó un instante. —¿Tiene algún medicamento para ayudar a la concepción?—La caja de pastillas se quedó suspendida en el aire. El sueño de la farmacéutica se desvaneció por completo. Creyendo haber oído mal, volvió a preguntar: —¿Para... para ayudar a la concepción?—Cecilia apretó el borde de la camisa con los dedos, sus nudillos se pusieron blancos. Con la mirada baja, respondió: —Sí. Mi... mi esposo tiene un conteo bajo de esperma. Llevamos mucho tiempo intentando tener un bebé. Ayer justo estaba ovulando, y como no siempre tenemos la oportunidad, quisiera aumentar nuestras posibilidades.—Esa explicación, combinada con su apariencia de "mosquita muerta", hizo que la empleada lo entendiera todo al instante.Así que no era un desgraciado aprovechado, ¡sino una pareja con dificultades!Su mirada hacia Cecilia cambió de inmediato, de compasión por tener que comprar la píldora a compasión por su difícil situación.—¡Ah, claro! ¡Entiendo, entiendo!— La empleada devolvió rápidamente la caja de anticonceptivos de emergencia al estante y su actitud se volvió mucho más cálida. —¡Sí, sí tenemos! Ven conmigo, por aquí tenemos varias marcas de suplementos para la fertilidad. Principalmente contienen ácido fólico, vitamina E... ayudan a crear un mejor ambiente para la concepción...—La empleada le explicó con entusiasmo, y Cecilia escuchaba atentamente, asintiendo de vez en cuando.—En realidad, tomar esto es secundario. Deberías llevar a tu esposo a una buena clínica de fertilidad. Los médicos de allí son muy profesionales.——De acuerdo, gracias.— Cecilia respondió mientras pagaba, pero de repente sintió un escalofrío inexplicable.¿Conteo bajo de esperma? Si Zack se enterara de que andaba diciendo eso de él, con su carácter excéntrico y violento, la venganza no sería nada sencilla.Probablemente no vería el sol del día siguiente....En la suite presidencial del último piso del hotel, todo era un caos.Zack Aguilar acababa de despertar. Apoyó su cabeza, todavía aturdida, en el cabecero de la cama, abrazando una almohada.En la habitación aún flotaba el aire cargado y sensual de la noche anterior, una atmósfera de ambigüedad indescriptible.Esa jugada sucia de su abuela no tenía nombre. ¡Drogar a su propio nieto!¿Acaso no tenía suficientes nietos que abrazar?

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