En su tercer aniversario de matrimonio, Amanda Zúñiga descubrió una verdad impactante: su ceguera no fue producto de un accidente, sino causada por su esposo, quien le quitó las córneas para trasplantarlas a su amante. Desde el comienzo, él se había casado con ella solo para cumplir los deseos de esa mujer. Todo lo que ella había valorado en su matrimonio no era más que una farsa bien calculada. Con el corazón hecho pedazos, Amanda decidió marcharse. Dos semanas después, desapareció sin dejar rastro, dejando solo una carta de divorcio y un frasco con un embrión como su última y amarga "despedida" para él, un acto de cierre definitivo. Lucas Salinas perdió la cabeza, buscándola por todas partes. Finalmente la encontró, pero ella ya tenía a otro hombre a su lado. Al verla, con lágrimas en los ojos, le rogó: “Amanda, me equivoqué, no me dejes solo, ¿sí?”. Pero ahora Amanda era una estrella en el mundo del arte, y lo miró sin rastro de lo que alguna vez sintió: “Lucas, ya no soy aquella cieguita que solo tenía ojos para ti”. Luego tomó del brazo al hombre elegante que la acompañaba y le dijo: “Amor, ¿vas a permitir que este tipo nos siga molestando?”. Con una sonrisa, el hombre se inclinó y la besó delante de todos, “Lo que tú digas, mi reina”.

Capítulo 1Era muy entrada la noche cuando Amanda Zúñiga fue llevada al hospital, agotada por la exigencia desenfrenada de su marido.Después de eso, las enfermeras de ginecología no dejaban de comentar lo vigoroso y entregado que era el señor Salinas. Al fin y al cabo, tres años atrás, cuando Amanda se quedó ciega y la familia Ortega rompió el compromiso públicamente, fue Lucas Salinas quien dio un paso al frente con decisión, le declaró su amor y le pidió matrimonio.Desde entonces, Lucas se convirtió en su única salvación.Pero en este momento, Amanda estaba de pie en la puerta de la habitación del hospital, aferrando su bastón con fuerza, mientras todo su cuerpo temblaba sin control.Solo los separaba una puerta.Lucas estaba recargado en la pared fría. Su rostro atractivo mostraba una pizca de cansancio; se tocó el bolsillo buscando cigarros, pero al recordar que estaba en un hospital, retiró la mano.—Lucas, ahora Amanda espera un hijo tuyo. Si sigue ciega, ¿qué pasa si se golpea o tropieza y lastima al bebé? Me temo que te vas a arrepentir toda la vida. Por eso te sugiero que programes un trasplante de córnea para ella.Lucas escuchó la sugerencia de su amigo, frunciendo el ceño, sumido en sus pensamientos.Después de un rato, la actitud de Lucas siguió siendo firme:—No es necesario.Ricardo suspiró y dijo lo que llevaba tiempo guardándose:—Hace tres años, cuando los ojos de Olivia Zúñiga enfermaron y necesitaban un trasplante, ella chocó a Amanda con el coche. Tú la ayudaste a quitarle los ojos a Amanda y durante estos tres años le has mentido, diciéndole que su ceguera se debe a un coágulo en el cerebro que presiona el nervio óptico. Hubo donantes de córnea durante este tiempo, pero preferiste dejar a Amanda en la oscuridad antes que permitirle recuperar la vista. Al final de cuentas, todo lo haces por Olivia, ¿verdad?Era innegable. Lucas pensaba exactamente así.Mientras Amanda fuera ciega, nunca podría convertirse en una amenaza para Olivia.Metió las manos en los bolsillos, con un tono de lástima mezclado con resignación:—Aunque Oli no se casó conmigo, juré protegerla toda la vida. En cuanto a Amanda... aunque perdió a David Ortega, le he dedicado mi vida entera para compensarla. Eso debería bastar.Ricardo sintió un nudo en el estómago al escucharlo.—Lucas, ¿vale la pena llegar a este extremo por una Olivia que no te ama? Sabes que tu condición física es especial; que Amanda haya quedado embarazada es un milagro. ¿Estás seguro de querer que tu hijo corra riesgos solo por Olivia?El perfil frío de Lucas pareció mostrar una lucha interna por un instante, pero finalmente todo se transformó en calma.—Si ella se queda ciega para siempre, yo la cuidaré para siempre. Y sobre el niño, me aseguraré de que no haya errores. Así que, Ricardo, haz lo que tengas que hacer.Las lágrimas nublaron instantáneamente la vista de Amanda, aunque sus ojos ya no servían.Casi no podía sostener el bastón y temblaba violentamente.Al escuchar los pasos de Lucas, regresó tropezando a la cama, se cubrió con la cobija y fingió que nada había pasado.Pronto se oyó el sonido de la puerta abriéndose. Lucas pareció acercarse; sus largos dedos se posaron en su mejilla, apartando el cabello que le cubría los ojos.Amanda tensó el cuerpo. Toda esa ternura que ella creía real se convirtió en cuchillos fríos y desesperados que se clavaban en su corazón.Dolía. Hasta respirar dolía.Hasta que Lucas salió de la habitación.Amanda abrió lentamente los ojos sin vida. Lágrimas enormes rodaron por sus mejillas; se mordió los labios con fuerza para no emitir ningún sonido.Resulta que el amor del que tanto se enorgullecía, ese marido al que amaba con toda su alma, solo había orquestado una estafa meticulosa para limpiar el camino de la mujer que realmente amaba.Y sus ojos... ese hombre se los había dado con sus propias manos a esa otra mujer.Lucas, ¿cómo puedes ser tan cruel?Tres años de matrimonio... Lo que ella creía que era su salvación no era más que una broma cruel.Sentía como si le estuvieran arrancando el corazón.Pasó aproximadamente media hora.Amanda salió de la habitación. Con una mano se apoyaba en la pared y con la otra sostenía su bastón. Al llegar a un área abierta, su mirada perdida se dirigió hacia el frente.Aunque no podía ver, estos tres años habían agudizado sus otros sentidos. Percibió un aroma familiar.En ese momento, Lucas estaba a unos metros hablando por teléfono.Al ver a Amanda, no se sabe qué le dijo a la persona al otro lado, pero colgó tras un par de frases y caminó hacia ella.«Elegancia» era el segundo nombre de Lucas.Al menos cuando Amanda aún podía ver, su primera impresión de él fue la de un caballero distinguido, alguien que destilaba nobleza en cada gesto.Con una leve sonrisa en los labios, Lucas tomó su mano por costumbre, tan gentil y atento como siempre.—¿Por qué saliste? Tienes las manos heladas. Bajó la temperatura, ¿acaso las enfermeras no saben ponerte un suéter?La mirada de Amanda estaba vacía, fija en algún punto. Casi al instante, retiró la mano.Al ver esto, Lucas frunció el ceño.—¿Qué pasa? ¿No estás contenta?Volvió a acercarse con cariño, abrazando el cuerpo frágil de Amanda desde atrás. El aroma masculino llenó su nariz, acompañado de un tono consentidor y suave.—¿Quién hizo enojar a mi esposa? Dime y me encargo de él.Amanda sintió una punzada en el corazón.«Lucas, ¿y si esa persona eres tú?».Su cuerpo tembló levemente entre los brazos de Lucas. Controló sus emociones en el menor tiempo posible y se volvió hacia él.—Escuché a la enfermera decir que estoy embarazada. Todo es tu culpa, por no dejarme dormir en la noche y estar molestando... ¿Qué tal si le pasa algo al bebé...?Antes de que terminara, Lucas la interrumpió con un semblante serio.—No digas tonterías. Nuestro hijo nacerá sano y vivirá muchos años. Amor, no permitiré que le pase nada a este bebé.Lucas parecía un hombre refinado, pero en la intimidad era extraordinariamente salvaje. Amanda pensó que, aunque no la amaba, al menos le gustaba su cuerpo.Ese es el instinto básico de los hombres: aunque no amen, pueden tener sexo. Pueden separar completamente el placer físico de los sentimientos.Lucas la consoló:—Mi amor, me equivoqué, pero yo tampoco lo sabía. No te enojes, me duele ver que te mortifiques así.Tan tierno como siempre, pero todo era una fachada para mantenerla anestesiada.Solo si ella lo amaba incondicionalmente, no iría a perturbar la vida perfecta de su amada mujer.Sintiendo un nudo amargo en la garganta, Amanda forzó una sonrisa.—Lucas, ¿crees que algún día nos divorciaremos?Al escuchar esto, el rostro de Lucas se oscureció al instante.No supo por qué, pero al oír la palabra «divorcio», sintió pánico.—¿Qué dijiste?Amanda seguía sonriendo, con la cabeza en alto.—Digo, ¿crees que algún día terminaremos como esas parejas que ya no se quieren y toman el camino del divorcio?De repente, Amanda sintió que la apretaban de la cintura. Lucas usó su tono más serio:—Amanda, nunca dejaré que te vayas de mi lado.¿Por qué no?¿Por miedo a que arruine la felicidad de Olivia?¿Tanto... la ama?Amanda apretó los labios y no dijo nada.Pero, ¿qué se le iba a hacer? Ella ya no lo quería.No lo quería en absoluto.Solo que, antes de eso, Amanda tenía cosas que hacer.Quienes la lastimaron tenían que pagar el precio, ¿no?Amanda se comportó igual que siempre, pero Lucas se volvió aún más atento con ella, seguramente debido al bebé que llevaba en el vientre.Después de todo, la condición física de Lucas era especial; tenía anticuerpos antiespermáticos congénitos y pensaba que nunca tendría hijos propios. Ahora que Amanda estaba embarazada, tal como dijo Ricardo, era un regalo del cielo.Lucas no la amaba, pero estaba decidido a tener a ese niño. Antes de que naciera, ella, como contenedor, no podía sufrir ningún daño.Lucas la ayudó a sentarse y dio instrucciones a la empleada doméstica:—La señora está embarazada. De ahora en adelante, tengan extremo cuidado con su comida, ropa y transporte. No puede haber ni el más mínimo error.La empleada asintió rápidamente y comenzó a preparar la dieta necesaria para una mujer embarazada.Lucas se inclinó para besarle la frente y acarició con su gran mano el vientre plano de ella.—Amanda, nunca pensé que sería padre. Gracias por darme esta oportunidad. A partir de hoy, tú y el niño son las personas más importantes de mi vida. Te amo.Escuchar sus palabras, además de doloroso, resultaba algo irónico.Si ella y el niño eran lo más importante, ¿en qué lugar quedaba su amada Olivia?Lucas, ya que te gusta tanto actuar, te acompañaré en una última escena antes de irme.A la mañana siguiente, Lucas se fue temprano a la empresa.La empleada, siguiendo las órdenes de Lucas, equilibró las tres comidas para asegurar que no faltaran nutrientes.Colocó el tazón frente a ella y le puso los cubiertos en la mano.—Señora, esta mañana hay jugo de naranja natural. Justo frente a usted hay un omelet de claras con espinacas y salmón; a la izquierda, fruta picada con yogur, y a la derecha, pan tostado integral.Amanda dejó los cubiertos, miró al frente y dijo:—¿Me ayudas a publicar algo en Instagram? Quiero compartir la alegría de mi embarazo con todos.—Claro que sí —respondió la empleada.Amanda sonrió levemente y sacó el reporte de la revisión de ayer.—Tómale una foto a la ecografía. De texto ponle: «Esperando tu llegada. Por el resto de mi vida, en cada comida y cada estación, tú serás el sentido de mi vida y la de papá».La empleada obedeció y pronto publicó el post por Amanda.—Señora, el señor le dio «Me gusta» al instante. Se ve que la adora de verdad.Amanda sonrió sin decir nada.Adorar o no.Nadie lo sabía mejor que ella.Después de desayunar un poco, Amanda fue al jardín a caminar.El patio estaba lleno de tulipanes, con un aroma agradable.Esas no eran las flores que le gustaban a ella, sino las favoritas de Lucas. Ahora que lo pensaba, en su memoria, quien amaba los tulipanes era Olivia.Así que esas flores, de principio a fin, solo se plantaron para que Olivia las viera.Una ráfaga de viento frío sopló, secando una lágrima en el rabillo de su ojo. Apretó el borde de su vestido; sentía como si le hubieran arrancado un pedazo del alma.Soltó una risa de autodesprecio y se limpió el rastro de llanto.Un rato después, se sentó en el columpio y llamó a su única mejor amiga.Le pidió que le ayudara a aplicar a una academia de arte en el extranjero, a reservar un boleto de avión para dentro de quince días y, lo más importante, a buscar un donante de córnea.Quince días. Solo se daba ese tiempo para arreglar todo en Silvania.En los días siguientes, Lucas se dedicó a preparar la habitación del bebé o a comprar juguetes y artículos infantiles. Incluso compró un libro titulado «Cómo ser un buen papá».Se notaba que realmente le importaba el niño; lo que no sabía era si el peso de ese niño en su corazón era mayor que el de Olivia.Amanda tampoco se quedó quieta. Se deshizo de todos los regalos que Lucas le había dado a lo largo de los años.Capítulo 2Era muy entrada la noche cuando Amanda Zúñiga fue llevada al hospital, agotada por la exigencia desenfrenada de su marido.Después de eso, las enfermeras de ginecología no dejaban de comentar lo vigoroso y entregado que era el señor Salinas. Al fin y al cabo, tres años atrás, cuando Amanda se quedó ciega y la familia Ortega rompió el compromiso públicamente, fue Lucas Salinas quien dio un paso al frente con decisión, le declaró su amor y le pidió matrimonio.Desde entonces, Lucas se convirtió en su única salvación.Pero en este momento, Amanda estaba de pie en la puerta de la habitación del hospital, aferrando su bastón con fuerza, mientras todo su cuerpo temblaba sin control.Solo los separaba una puerta.Lucas estaba recargado en la pared fría. Su rostro atractivo mostraba una pizca de cansancio; se tocó el bolsillo buscando cigarros, pero al recordar que estaba en un hospital, retiró la mano.—Lucas, ahora Amanda espera un hijo tuyo. Si sigue ciega, ¿qué pasa si se golpea o tropieza y lastima al bebé? Me temo que te vas a arrepentir toda la vida. Por eso te sugiero que programes un trasplante de córnea para ella.Lucas escuchó la sugerencia de su amigo, frunciendo el ceño, sumido en sus pensamientos.Después de un rato, la actitud de Lucas siguió siendo firme:—No es necesario.Ricardo suspiró y dijo lo que llevaba tiempo guardándose:—Hace tres años, cuando los ojos de Olivia Zúñiga enfermaron y necesitaban un trasplante, ella chocó a Amanda con el coche. Tú la ayudaste a quitarle los ojos a Amanda y durante estos tres años le has mentido, diciéndole que su ceguera se debe a un coágulo en el cerebro que presiona el nervio óptico. Hubo donantes de córnea durante este tiempo, pero preferiste dejar a Amanda en la oscuridad antes que permitirle recuperar la vista. Al final de cuentas, todo lo haces por Olivia, ¿verdad?Era innegable. Lucas pensaba exactamente así.Mientras Amanda fuera ciega, nunca podría convertirse en una amenaza para Olivia.Metió las manos en los bolsillos, con un tono de lástima mezclado con resignación:—Aunque Oli no se casó conmigo, juré protegerla toda la vida. En cuanto a Amanda... aunque perdió a David Ortega, le he dedicado mi vida entera para compensarla. Eso debería bastar.Ricardo sintió un nudo en el estómago al escucharlo.—Lucas, ¿vale la pena llegar a este extremo por una Olivia que no te ama? Sabes que tu condición física es especial; que Amanda haya quedado embarazada es un milagro. ¿Estás seguro de querer que tu hijo corra riesgos solo por Olivia?El perfil frío de Lucas pareció mostrar una lucha interna por un instante, pero finalmente todo se transformó en calma.—Si ella se queda ciega para siempre, yo la cuidaré para siempre. Y sobre el niño, me aseguraré de que no haya errores. Así que, Ricardo, haz lo que tengas que hacer.Las lágrimas nublaron instantáneamente la vista de Amanda, aunque sus ojos ya no servían.Casi no podía sostener el bastón y temblaba violentamente.Al escuchar los pasos de Lucas, regresó tropezando a la cama, se cubrió con la cobija y fingió que nada había pasado.Pronto se oyó el sonido de la puerta abriéndose. Lucas pareció acercarse; sus largos dedos se posaron en su mejilla, apartando el cabello que le cubría los ojos.Amanda tensó el cuerpo. Toda esa ternura que ella creía real se convirtió en cuchillos fríos y desesperados que se clavaban en su corazón.Dolía. Hasta respirar dolía.Hasta que Lucas salió de la habitación.Amanda abrió lentamente los ojos sin vida. Lágrimas enormes rodaron por sus mejillas; se mordió los labios con fuerza para no emitir ningún sonido.Resulta que el amor del que tanto se enorgullecía, ese marido al que amaba con toda su alma, solo había orquestado una estafa meticulosa para limpiar el camino de la mujer que realmente amaba.Y sus ojos... ese hombre se los había dado con sus propias manos a esa otra mujer.Lucas, ¿cómo puedes ser tan cruel?Tres años de matrimonio... Lo que ella creía que era su salvación no era más que una broma cruel.Sentía como si le estuvieran arrancando el corazón.Pasó aproximadamente media hora.Amanda salió de la habitación. Con una mano se apoyaba en la pared y con la otra sostenía su bastón. Al llegar a un área abierta, su mirada perdida se dirigió hacia el frente.Aunque no podía ver, estos tres años habían agudizado sus otros sentidos. Percibió un aroma familiar.En ese momento, Lucas estaba a unos metros hablando por teléfono.Al ver a Amanda, no se sabe qué le dijo a la persona al otro lado, pero colgó tras un par de frases y caminó hacia ella.«Elegancia» era el segundo nombre de Lucas.Al menos cuando Amanda aún podía ver, su primera impresión de él fue la de un caballero distinguido, alguien que destilaba nobleza en cada gesto.Con una leve sonrisa en los labios, Lucas tomó su mano por costumbre, tan gentil y atento como siempre.—¿Por qué saliste? Tienes las manos heladas. Bajó la temperatura, ¿acaso las enfermeras no saben ponerte un suéter?La mirada de Amanda estaba vacía, fija en algún punto. Casi al instante, retiró la mano.Al ver esto, Lucas frunció el ceño.—¿Qué pasa? ¿No estás contenta?Volvió a acercarse con cariño, abrazando el cuerpo frágil de Amanda desde atrás. El aroma masculino llenó su nariz, acompañado de un tono consentidor y suave.—¿Quién hizo enojar a mi esposa? Dime y me encargo de él.Amanda sintió una punzada en el corazón.«Lucas, ¿y si esa persona eres tú?».Su cuerpo tembló levemente entre los brazos de Lucas. Controló sus emociones en el menor tiempo posible y se volvió hacia él.—Escuché a la enfermera decir que estoy embarazada. Todo es tu culpa, por no dejarme dormir en la noche y estar molestando... ¿Qué tal si le pasa algo al bebé...?Antes de que terminara, Lucas la interrumpió con un semblante serio.—No digas tonterías. Nuestro hijo nacerá sano y vivirá muchos años. Amor, no permitiré que le pase nada a este bebé.Lucas parecía un hombre refinado, pero en la intimidad era extraordinariamente salvaje. Amanda pensó que, aunque no la amaba, al menos le gustaba su cuerpo.Ese es el instinto básico de los hombres: aunque no amen, pueden tener sexo. Pueden separar completamente el placer físico de los sentimientos.Lucas la consoló:—Mi amor, me equivoqué, pero yo tampoco lo sabía. No te enojes, me duele ver que te mortifiques así.Tan tierno como siempre, pero todo era una fachada para mantenerla anestesiada.Solo si ella lo amaba incondicionalmente, no iría a perturbar la vida perfecta de su amada mujer.Sintiendo un nudo amargo en la garganta, Amanda forzó una sonrisa.—Lucas, ¿crees que algún día nos divorciaremos?Al escuchar esto, el rostro de Lucas se oscureció al instante.No supo por qué, pero al oír la palabra «divorcio», sintió pánico.—¿Qué dijiste?Amanda seguía sonriendo, con la cabeza en alto.—Digo, ¿crees que algún día terminaremos como esas parejas que ya no se quieren y toman el camino del divorcio?De repente, Amanda sintió que la apretaban de la cintura. Lucas usó su tono más serio:—Amanda, nunca dejaré que te vayas de mi lado.¿Por qué no?¿Por miedo a que arruine la felicidad de Olivia?¿Tanto... la ama?Amanda apretó los labios y no dijo nada.Pero, ¿qué se le iba a hacer? Ella ya no lo quería.No lo quería en absoluto.Solo que, antes de eso, Amanda tenía cosas que hacer.Quienes la lastimaron tenían que pagar el precio, ¿no?Amanda se comportó igual que siempre, pero Lucas se volvió aún más atento con ella, seguramente debido al bebé que llevaba en el vientre.Después de todo, la condición física de Lucas era especial; tenía anticuerpos antiespermáticos congénitos y pensaba que nunca tendría hijos propios. Ahora que Amanda estaba embarazada, tal como dijo Ricardo, era un regalo del cielo.Lucas no la amaba, pero estaba decidido a tener a ese niño. Antes de que naciera, ella, como contenedor, no podía sufrir ningún daño.Lucas la ayudó a sentarse y dio instrucciones a la empleada doméstica:—La señora está embarazada. De ahora en adelante, tengan extremo cuidado con su comida, ropa y transporte. No puede haber ni el más mínimo error.La empleada asintió rápidamente y comenzó a preparar la dieta necesaria para una mujer embarazada.Lucas se inclinó para besarle la frente y acarició con su gran mano el vientre plano de ella.—Amanda, nunca pensé que sería padre. Gracias por darme esta oportunidad. A partir de hoy, tú y el niño son las personas más importantes de mi vida. Te amo.Escuchar sus palabras, además de doloroso, resultaba algo irónico.Si ella y el niño eran lo más importante, ¿en qué lugar quedaba su amada Olivia?Lucas, ya que te gusta tanto actuar, te acompañaré en una última escena antes de irme.A la mañana siguiente, Lucas se fue temprano a la empresa.La empleada, siguiendo las órdenes de Lucas, equilibró las tres comidas para asegurar que no faltaran nutrientes.Colocó el tazón frente a ella y le puso los cubiertos en la mano.—Señora, esta mañana hay jugo de naranja natural. Justo frente a usted hay un omelet de claras con espinacas y salmón; a la izquierda, fruta picada con yogur, y a la derecha, pan tostado integral.Amanda dejó los cubiertos, miró al frente y dijo:—¿Me ayudas a publicar algo en Instagram? Quiero compartir la alegría de mi embarazo con todos.—Claro que sí —respondió la empleada.Amanda sonrió levemente y sacó el reporte de la revisión de ayer.—Tómale una foto a la ecografía. De texto ponle: «Esperando tu llegada. Por el resto de mi vida, en cada comida y cada estación, tú serás el sentido de mi vida y la de papá».La empleada obedeció y pronto publicó el post por Amanda.—Señora, el señor le dio «Me gusta» al instante. Se ve que la adora de verdad.Amanda sonrió sin decir nada.Adorar o no.Nadie lo sabía mejor que ella.Después de desayunar un poco, Amanda fue al jardín a caminar.El patio estaba lleno de tulipanes, con un aroma agradable.Esas no eran las flores que le gustaban a ella, sino las favoritas de Lucas. Ahora que lo pensaba, en su memoria, quien amaba los tulipanes era Olivia.Así que esas flores, de principio a fin, solo se plantaron para que Olivia las viera.Una ráfaga de viento frío sopló, secando una lágrima en el rabillo de su ojo. Apretó el borde de su vestido; sentía como si le hubieran arrancado un pedazo del alma.Soltó una risa de autodesprecio y se limpió el rastro de llanto.Un rato después, se sentó en el columpio y llamó a su única mejor amiga.Le pidió que le ayudara a aplicar a una academia de arte en el extranjero, a reservar un boleto de avión para dentro de quince días y, lo más importante, a buscar un donante de córnea.Quince días. Solo se daba ese tiempo para arreglar todo en Silvania.En los días siguientes, Lucas se dedicó a preparar la habitación del bebé o a comprar juguetes y artículos infantiles. Incluso compró un libro titulado «Cómo ser un buen papá».Se notaba que realmente le importaba el niño; lo que no sabía era si el peso de ese niño en su corazón era mayor que el de Olivia.Amanda tampoco se quedó quieta. Se deshizo de todos los regalos que Lucas le había dado a lo largo de los años.Capítulo 3Era muy entrada la noche cuando Amanda Zúñiga fue llevada al hospital, agotada por la exigencia desenfrenada de su marido.Después de eso, las enfermeras de ginecología no dejaban de comentar lo vigoroso y entregado que era el señor Salinas. Al fin y al cabo, tres años atrás, cuando Amanda se quedó ciega y la familia Ortega rompió el compromiso públicamente, fue Lucas Salinas quien dio un paso al frente con decisión, le declaró su amor y le pidió matrimonio.Desde entonces, Lucas se convirtió en su única salvación.Pero en este momento, Amanda estaba de pie en la puerta de la habitación del hospital, aferrando su bastón con fuerza, mientras todo su cuerpo temblaba sin control.Solo los separaba una puerta.Lucas estaba recargado en la pared fría. Su rostro atractivo mostraba una pizca de cansancio; se tocó el bolsillo buscando cigarros, pero al recordar que estaba en un hospital, retiró la mano.—Lucas, ahora Amanda espera un hijo tuyo. Si sigue ciega, ¿qué pasa si se golpea o tropieza y lastima al bebé? Me temo que te vas a arrepentir toda la vida. Por eso te sugiero que programes un trasplante de córnea para ella.Lucas escuchó la sugerencia de su amigo, frunciendo el ceño, sumido en sus pensamientos.Después de un rato, la actitud de Lucas siguió siendo firme:—No es necesario.Ricardo suspiró y dijo lo que llevaba tiempo guardándose:—Hace tres años, cuando los ojos de Olivia Zúñiga enfermaron y necesitaban un trasplante, ella chocó a Amanda con el coche. Tú la ayudaste a quitarle los ojos a Amanda y durante estos tres años le has mentido, diciéndole que su ceguera se debe a un coágulo en el cerebro que presiona el nervio óptico. Hubo donantes de córnea durante este tiempo, pero preferiste dejar a Amanda en la oscuridad antes que permitirle recuperar la vista. Al final de cuentas, todo lo haces por Olivia, ¿verdad?Era innegable. Lucas pensaba exactamente así.Mientras Amanda fuera ciega, nunca podría convertirse en una amenaza para Olivia.Metió las manos en los bolsillos, con un tono de lástima mezclado con resignación:—Aunque Oli no se casó conmigo, juré protegerla toda la vida. En cuanto a Amanda... aunque perdió a David Ortega, le he dedicado mi vida entera para compensarla. Eso debería bastar.Ricardo sintió un nudo en el estómago al escucharlo.—Lucas, ¿vale la pena llegar a este extremo por una Olivia que no te ama? Sabes que tu condición física es especial; que Amanda haya quedado embarazada es un milagro. ¿Estás seguro de querer que tu hijo corra riesgos solo por Olivia?El perfil frío de Lucas pareció mostrar una lucha interna por un instante, pero finalmente todo se transformó en calma.—Si ella se queda ciega para siempre, yo la cuidaré para siempre. Y sobre el niño, me aseguraré de que no haya errores. Así que, Ricardo, haz lo que tengas que hacer.Las lágrimas nublaron instantáneamente la vista de Amanda, aunque sus ojos ya no servían.Casi no podía sostener el bastón y temblaba violentamente.Al escuchar los pasos de Lucas, regresó tropezando a la cama, se cubrió con la cobija y fingió que nada había pasado.Pronto se oyó el sonido de la puerta abriéndose. Lucas pareció acercarse; sus largos dedos se posaron en su mejilla, apartando el cabello que le cubría los ojos.Amanda tensó el cuerpo. Toda esa ternura que ella creía real se convirtió en cuchillos fríos y desesperados que se clavaban en su corazón.Dolía. Hasta respirar dolía.Hasta que Lucas salió de la habitación.Amanda abrió lentamente los ojos sin vida. Lágrimas enormes rodaron por sus mejillas; se mordió los labios con fuerza para no emitir ningún sonido.Resulta que el amor del que tanto se enorgullecía, ese marido al que amaba con toda su alma, solo había orquestado una estafa meticulosa para limpiar el camino de la mujer que realmente amaba.Y sus ojos... ese hombre se los había dado con sus propias manos a esa otra mujer.Lucas, ¿cómo puedes ser tan cruel?Tres años de matrimonio... Lo que ella creía que era su salvación no era más que una broma cruel.Sentía como si le estuvieran arrancando el corazón.Pasó aproximadamente media hora.Amanda salió de la habitación. Con una mano se apoyaba en la pared y con la otra sostenía su bastón. Al llegar a un área abierta, su mirada perdida se dirigió hacia el frente.Aunque no podía ver, estos tres años habían agudizado sus otros sentidos. Percibió un aroma familiar.En ese momento, Lucas estaba a unos metros hablando por teléfono.Al ver a Amanda, no se sabe qué le dijo a la persona al otro lado, pero colgó tras un par de frases y caminó hacia ella.«Elegancia» era el segundo nombre de Lucas.Al menos cuando Amanda aún podía ver, su primera impresión de él fue la de un caballero distinguido, alguien que destilaba nobleza en cada gesto.Con una leve sonrisa en los labios, Lucas tomó su mano por costumbre, tan gentil y atento como siempre.—¿Por qué saliste? Tienes las manos heladas. Bajó la temperatura, ¿acaso las enfermeras no saben ponerte un suéter?La mirada de Amanda estaba vacía, fija en algún punto. Casi al instante, retiró la mano.Al ver esto, Lucas frunció el ceño.—¿Qué pasa? ¿No estás contenta?Volvió a acercarse con cariño, abrazando el cuerpo frágil de Amanda desde atrás. El aroma masculino llenó su nariz, acompañado de un tono consentidor y suave.—¿Quién hizo enojar a mi esposa? Dime y me encargo de él.Amanda sintió una punzada en el corazón.«Lucas, ¿y si esa persona eres tú?».Su cuerpo tembló levemente entre los brazos de Lucas. Controló sus emociones en el menor tiempo posible y se volvió hacia él.—Escuché a la enfermera decir que estoy embarazada. Todo es tu culpa, por no dejarme dormir en la noche y estar molestando... ¿Qué tal si le pasa algo al bebé...?Antes de que terminara, Lucas la interrumpió con un semblante serio.—No digas tonterías. Nuestro hijo nacerá sano y vivirá muchos años. Amor, no permitiré que le pase nada a este bebé.Lucas parecía un hombre refinado, pero en la intimidad era extraordinariamente salvaje. Amanda pensó que, aunque no la amaba, al menos le gustaba su cuerpo.Ese es el instinto básico de los hombres: aunque no amen, pueden tener sexo. Pueden separar completamente el placer físico de los sentimientos.Lucas la consoló:—Mi amor, me equivoqué, pero yo tampoco lo sabía. No te enojes, me duele ver que te mortifiques así.Tan tierno como siempre, pero todo era una fachada para mantenerla anestesiada.Solo si ella lo amaba incondicionalmente, no iría a perturbar la vida perfecta de su amada mujer.Sintiendo un nudo amargo en la garganta, Amanda forzó una sonrisa.—Lucas, ¿crees que algún día nos divorciaremos?Al escuchar esto, el rostro de Lucas se oscureció al instante.No supo por qué, pero al oír la palabra «divorcio», sintió pánico.—¿Qué dijiste?Amanda seguía sonriendo, con la cabeza en alto.—Digo, ¿crees que algún día terminaremos como esas parejas que ya no se quieren y toman el camino del divorcio?De repente, Amanda sintió que la apretaban de la cintura. Lucas usó su tono más serio:—Amanda, nunca dejaré que te vayas de mi lado.¿Por qué no?¿Por miedo a que arruine la felicidad de Olivia?¿Tanto... la ama?Amanda apretó los labios y no dijo nada.Pero, ¿qué se le iba a hacer? Ella ya no lo quería.No lo quería en absoluto.Solo que, antes de eso, Amanda tenía cosas que hacer.Quienes la lastimaron tenían que pagar el precio, ¿no?Amanda se comportó igual que siempre, pero Lucas se volvió aún más atento con ella, seguramente debido al bebé que llevaba en el vientre.Después de todo, la condición física de Lucas era especial; tenía anticuerpos antiespermáticos congénitos y pensaba que nunca tendría hijos propios. Ahora que Amanda estaba embarazada, tal como dijo Ricardo, era un regalo del cielo.Lucas no la amaba, pero estaba decidido a tener a ese niño. Antes de que naciera, ella, como contenedor, no podía sufrir ningún daño.Lucas la ayudó a sentarse y dio instrucciones a la empleada doméstica:—La señora está embarazada. De ahora en adelante, tengan extremo cuidado con su comida, ropa y transporte. No puede haber ni el más mínimo error.La empleada asintió rápidamente y comenzó a preparar la dieta necesaria para una mujer embarazada.Lucas se inclinó para besarle la frente y acarició con su gran mano el vientre plano de ella.—Amanda, nunca pensé que sería padre. Gracias por darme esta oportunidad. A partir de hoy, tú y el niño son las personas más importantes de mi vida. Te amo.Escuchar sus palabras, además de doloroso, resultaba algo irónico.Si ella y el niño eran lo más importante, ¿en qué lugar quedaba su amada Olivia?Lucas, ya que te gusta tanto actuar, te acompañaré en una última escena antes de irme.A la mañana siguiente, Lucas se fue temprano a la empresa.La empleada, siguiendo las órdenes de Lucas, equilibró las tres comidas para asegurar que no faltaran nutrientes.Colocó el tazón frente a ella y le puso los cubiertos en la mano.—Señora, esta mañana hay jugo de naranja natural. Justo frente a usted hay un omelet de claras con espinacas y salmón; a la izquierda, fruta picada con yogur, y a la derecha, pan tostado integral.Amanda dejó los cubiertos, miró al frente y dijo:—¿Me ayudas a publicar algo en Instagram? Quiero compartir la alegría de mi embarazo con todos.—Claro que sí —respondió la empleada.Amanda sonrió levemente y sacó el reporte de la revisión de ayer.—Tómale una foto a la ecografía. De texto ponle: «Esperando tu llegada. Por el resto de mi vida, en cada comida y cada estación, tú serás el sentido de mi vida y la de papá».La empleada obedeció y pronto publicó el post por Amanda.—Señora, el señor le dio «Me gusta» al instante. Se ve que la adora de verdad.Amanda sonrió sin decir nada.Adorar o no.Nadie lo sabía mejor que ella.Después de desayunar un poco, Amanda fue al jardín a caminar.El patio estaba lleno de tulipanes, con un aroma agradable.Esas no eran las flores que le gustaban a ella, sino las favoritas de Lucas. Ahora que lo pensaba, en su memoria, quien amaba los tulipanes era Olivia.Así que esas flores, de principio a fin, solo se plantaron para que Olivia las viera.Una ráfaga de viento frío sopló, secando una lágrima en el rabillo de su ojo. Apretó el borde de su vestido; sentía como si le hubieran arrancado un pedazo del alma.Soltó una risa de autodesprecio y se limpió el rastro de llanto.Un rato después, se sentó en el columpio y llamó a su única mejor amiga.Le pidió que le ayudara a aplicar a una academia de arte en el extranjero, a reservar un boleto de avión para dentro de quince días y, lo más importante, a buscar un donante de córnea.Quince días. Solo se daba ese tiempo para arreglar todo en Silvania.En los días siguientes, Lucas se dedicó a preparar la habitación del bebé o a comprar juguetes y artículos infantiles. Incluso compró un libro titulado «Cómo ser un buen papá».Se notaba que realmente le importaba el niño; lo que no sabía era si el peso de ese niño en su corazón era mayor que el de Olivia.Amanda tampoco se quedó quieta. Se deshizo de todos los regalos que Lucas le había dado a lo largo de los años.

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