Leonor fue traicionada por su propia sangre. La obligaron a pagar por el crimen de su hermana adoptiva, pasando cuatro años en el infierno de la prisión. Al salir, su familia la desprecia y su ex-fiancé la humilla. Pero Leonor ya no es la joven ingenua que conocían. Ahora, con nuevas y poderosas alianzas, está lista para desmantelar el imperio de quienes la traicionaron y reclamar la vida que le robaron, una humillación a la vez.

Capítulo 1—Leonor Sandoval, has cumplido tu condena. Eres libre.La puerta de hierro de la prisión de Ciudad del Sol se abrió con un chirrido metálico y estridente.Leonor inhaló una bocanada del aire viciado de libertad y salió.Su única compañía era una bolsa de plástico con ropa vieja y unas cuantas monedas. Después de cuatro años, la ropa con la que entró ahora le colgaba del cuerpo. Era todo lo que poseía; ni siquiera tenía suficiente para un taxi de regreso a la ciudad.El sol de verano era un castigo. Leonor caminaba lentamente por la carretera, el sudor empapándole la espalda. Se movía despacio, no solo por el cansancio, sino porque no sabía a dónde ir.¿A la casa de los Sandoval?¿A esa familia que la usó como chivo expiatorio para salvar a la hija adoptiva, que la envió a la cárcel sin molestarse en pagarle un abogado? Una risa amarga escapó de sus labios.De repente, el claxon de un coche la sobresaltó.Se hizo a un lado por instinto, pero un Maybach negro se detuvo justo a su lado.La ventanilla bajó, revelando un rostro familiar: Julián, su hermano mayor.—¿Leonor? —La sorpresa en su voz era palpable—. ¿Qué haces aquí?Leonor reprimió el desprecio que sentía y siguió caminando sin mirarlo.Apenas había dado unos pasos cuando él se interpuso en su camino.—Leonor, cuatro años te han dejado muda.—Si no estuviera aquí, estaría muerta. ¿O acaso esperabas que me pudriera unos años más en esa celda por un crimen que no cometí? —replicó Leonor con una sonrisa helada.Julián frunció el ceño.—Quiero decir, ¿por qué no avisaste a la familia para que vinieran a buscarte?—¿A la familia Sandoval? —Leonor lo miró fijamente a los ojos, hasta que él, culpable, desvió la mirada—. ¿Te refieres a la familia que mandó a su propia hija a la cárcel?La pregunta pareció herirlo. Su tono se volvió duro.—Olvídalo, sube al coche. Ahora que has salido, pórtate bien y no causes más problemas.Esa frase encendió una furia helada en el corazón de Leonor.—Julián, antes de decirme que me «porte bien», ¿por qué no recuerdas quién actuó mal desde el principio?El rostro de Julián se ensombreció.—Leonor, ese asunto ya es pasado. ¿Por qué insistes en sacarlo a relucir?—¿Pasado? Para ustedes, quizás. Para mí, cuatro años en la cárcel son una humillación que nunca podré borrar.Julián tamborileó los dedos en el volante, incómodo.—Todos estos años... Tania se ha sentido muy culpable. Llora a menudo, diciendo que si no fuera por ella...Leonor lo interrumpió con voz gélida.—¿Por ella? Julián, ambos sabemos perfectamente quién empujó a Luna Ramos por las escaleras.—¡La culpable nunca fui yo, sino su adorada Tania!Hace cuatro años, intentó explicarlo mil veces, pero nadie la escuchó. Todos eligieron a Tania.—¡Basta ya, Leonor! ¡Cállate! —la interrumpió Julián bruscamente—. Las pruebas eran contundentes. ¿Hasta cuándo vas a seguir negándolo?—¿Unas escaleras sin cámaras y unos cuantos «testigos» comprados? ¿A eso le llamas pruebas?Julián apretó los labios.—Has cambiado, Leonor. Antes no eras así.—Cuatro años en la cárcel cambian a cualquiera. Si no me crees, Julián, podrías probarlo tú mismo.Él, con el rostro desencajado, cambió de tema.—Por cierto, hoy es el cumpleaños de Tania. Justo a tiempo para que vuelvas a casa y celebres con ella.—Qué detalle que recuerdes que hoy también es mi cumpleaños. En estos cuatro años, ¿alguna vez vinieron a verme? ¿Me trajeron un pastel?Julián guardó silencio, sin saber qué decir.Mientras el coche avanzaba, Leonor miraba por la ventanilla, perdida en los recuerdos de aquella fiesta. Intercambiada al nacer, había vivido dieciocho años en el campo.Aquella fiesta de hace cuatro años, era su primera celebración desde que fue reconocida por los Sandoval. Sin embargo, la familia solo tenía ojos para Tania, su hija adoptiva.Leonor intentaba consolarse pensando que sus padres y hermanos simplemente no la conocían bien todavía, y que con el tiempo la querrían más.En mitad de la fiesta, su compañera de instituto, Luna Ramos, apareció diciendo que tenía un secreto sobre Tania. Justo en ese momento, Tania apareció con el rostro desencajado. Cuando Leonor volvió a las escaleras, Luna ya yacía en un charco de sangre.La policía encontró sangre de Luna en su manga.Varios invitados «vieron con sus propios ojos» cómo la empujaba.Explicó las cosas, pero, nadie le creyó. Su padre la abofeteó en público.Fue condenada a cuatro años de prisión.—Ya hemos llegado —dijo la voz de Julián, sacándola de sus recuerdos—. Controla ese mal genio. Hoy es el cumpleaños de Tania, no la hagas pasar un mal rato.La advertencia de Julián casi hizo estallar la ira en su pecho. No solo los Sandoval, sino también Tania. Les haría pagar muy caro por estos cuatro años de su vida.Al oír el ruido, Tania, que charlaba con unos amigos, se giró sonriente, pero su expresión se congeló al instante.En el instante en que Tania vio a Leonor, su sonrisa se desvaneció.Un pánico fugaz cruzó sus ojos, pero lo disimuló al instante.—¿Leonor? ¿Eres tú? ¿Cómo es que saliste de la cárcel?—Hoy salía. Me la encontré por el camino —explicó Julián, temiendo que Tania se disgustara—. Al fin y al cabo, sigue siendo su familia.—Leonor, estás en los huesos. Lo siento... —La voz de Tania tembló y sus ojos se enrojecieron, llenándose de lágrimas.Leonor la observó con una sonrisa burlona. La misma apariencia de fragilidad, engañando a todos con su falsa bondad.Julián, a su lado, la fulminó con la mirada.—Leonor, Tania te está hablando. ¿Te has quedado muda?Tania tiró tímidamente de la manga de Julián.—Julián, no le hables así...Dio unos pasos y se arrojó a los brazos de Leonor, rompiendo a llorar.—Leonor, mi hermana, te he echado tanto de menos. Me preocupaba cada día que estuvieras sufriendo en la cárcel.Leonor contuvo el impulso de apartarla. El aroma del costoso perfume de Tania contrastaba con el olor a tela barata de su propia ropa.Los invitados comenzaron a cuchichear.—¿Otra heredera? ¿Y ha estado en la cárcel?—Sí, empujó a la hija de los Ramos por las escaleras, casi la mata.—Es muy guapa y resulta ser una víbora.Cada palabra era una aguja en su corazón. Cuatro años en la cárcel la habían convertido en el hazmerreír de la ciudad.Apartó suavemente a Tania, mirándola a los ojos.—¿Preocupada por mí?El lugar quedó en silencio.—Tania, si de verdad te importaba, ¿por qué en los mil cuatrocientos sesenta días que estuve encerrada, no fuiste a visitarme ni una sola vez?La pregunta destrozó la mentira de Tania. Ella, presa del pánico, recuperó su expresión de tristeza.—Leonor, es que me preocupaba que te pusieras más triste al verme. Todo es culpa mía...Leonor soltó una risa fría.—Tienes razón, todo es culpa tuya. Si no fuera por ti, no habría ido a la cárcel.Su mirada recorrió, afilada como un cuchillo, a cada miembro de la familia Sandoval.—Ninguno se atrevió a visitarme, ¿verdad? Tenían miedo de enfrentarse a la persona que ocupó su lugar. Miedo de que siguiera insistiendo en mi inocencia.La frase fue una bomba. Los murmullos se hicieron más fuertes.—¿Qué? ¿Acaso ella asumió la culpa por Tania?—Imposible. Tania es tan dulce. Seguro que esta Leonor la está calumniando.—¡Basta ya! ¡Cállense todos! —exclamó Julián, interponiéndose entre ellas—. Leonor, ¿acabas de llegar y ya estás montando un escándalo? Hoy es el cumpleaños de Tania, ya te lo advertí.Leonor lo miró con frialdad.—Hoy también es mi cumpleaños. ¿Acaso lo recuerdas?La pregunta dejó a Julián sin palabras, pero rápidamente recuperó su tono autoritario.—Aun así, no puedes calumniar a Tania. Aunque no sea una Sandoval de sangre, es nuestra hermana.—Lo que pasó, pasó. Las pruebas eran contundentes —insistió Julián—. ¿Por qué insistes en remover el pasado?—Leonor, ya que sientes que te he hecho daño, déjame ofrecerte un trozo de pastel como disculpa. Por favor, no te enfades más... —Tania se acercó a la mesa, cortó una porción de un elaborado pastel de crema y se la ofreció a Leonor, un destello de triunfo en sus ojos.Una llamarada de ira surgió del interior de Leonor, tan intensa que casi arrasó con su autocontrol.Ante la mirada atónita de todos, tomó el pastel.Y entonces, con un movimiento tan rápido como helado, le estampó el trozo de pastel directamente en el rostro perfecto de Tania.Una satisfacción sin precedentes la recorrió.Era la primera vez en cuatro años que se vengaba, aunque fuera de una forma tan pequeña. Pero no era suficiente.La crema blanca se deslizó por el cabello de Tania, arruinando su peinado y maquillaje.—¡Ah! ¡Mi pelo! —Tania se quedó paralizada, luciendo completamente desdichada.En ese momento, un joven apuesto entró corriendo. Era el tercer hijo de la familia, José, un conocido actor juvenil.Se había tomado el día libre para asistir a la fiesta de cumpleaños de Tania, y al llegar se encontró con esa escena.—¡Basura de la cárcel! ¿Te atreves a tocar a Tania? —José, al ver a Tania humillada, levantó la mano para abofetear a Leonor.Leonor no dudó. Con un ligero movimiento, esquivó la bofetada con una facilidad que demostraba lo mucho que había cambiado en el infierno de la cárcel.La bofetada de José falló, dejándolo perplejo.—¿Te atreves a esquivarlo? ¡Hoy te voy a dar una lección en nombre de la familia!—¿Cómo? ¿Todavía piensas que soy alguien a quien puedes desechar cuando quieras? —lo miró directamente a los ojos, con un tono cargado de sarcasmo.José se quedó sin palabras y se volvió hacia Tania para limpiarle la crema de la cara con ternura.—Tania, ¿estás bien?—Estoy bien. Leonor acaba de salir, es normal que esté enfadada. Es culpa mía... —respondió Tania, manteniendo su actuación.—¡Cállense todos, ya es suficiente! —intervino Julián de nuevo, sus ojos brillando de ira—. Leonor, si tienes algún resentimiento, descárgalo conmigo. La familia te compensará. Pero no puedes descargar tu frustración en Tania...—No hacen falta explicaciones —dijo Leonor con calma—. Si mi presencia les incomoda, me iré.Se dio la vuelta para marcharse, pero José la agarró del brazo.—¡No tan rápido! ¿Crees que puedes humillar a Tania y marcharte como si nada?Leonor lo miró con frialdad.—Suéltame.—¡No te suelto! —gritó José—. ¡Tienes que disculparte con Tania!Leonor se zafó de su agarre con un movimiento brusco.Julián se interpuso entre ellos, su rostro aún más sombrío. La familia Sandoval había quedado en ridículo. Bajó la voz, con un tono amenazante.—Un escándalo más, Leonor, y te juro que olvidaré que llevas mi sangre. Te echaré a la calle como a un perro.Capítulo 2—Leonor Sandoval, has cumplido tu condena. Eres libre.La puerta de hierro de la prisión de Ciudad del Sol se abrió con un chirrido metálico y estridente.Leonor inhaló una bocanada del aire viciado de libertad y salió.Su única compañía era una bolsa de plástico con ropa vieja y unas cuantas monedas. Después de cuatro años, la ropa con la que entró ahora le colgaba del cuerpo. Era todo lo que poseía; ni siquiera tenía suficiente para un taxi de regreso a la ciudad.El sol de verano era un castigo. Leonor caminaba lentamente por la carretera, el sudor empapándole la espalda. Se movía despacio, no solo por el cansancio, sino porque no sabía a dónde ir.¿A la casa de los Sandoval?¿A esa familia que la usó como chivo expiatorio para salvar a la hija adoptiva, que la envió a la cárcel sin molestarse en pagarle un abogado? Una risa amarga escapó de sus labios.De repente, el claxon de un coche la sobresaltó.Se hizo a un lado por instinto, pero un Maybach negro se detuvo justo a su lado.La ventanilla bajó, revelando un rostro familiar: Julián, su hermano mayor.—¿Leonor? —La sorpresa en su voz era palpable—. ¿Qué haces aquí?Leonor reprimió el desprecio que sentía y siguió caminando sin mirarlo.Apenas había dado unos pasos cuando él se interpuso en su camino.—Leonor, cuatro años te han dejado muda.—Si no estuviera aquí, estaría muerta. ¿O acaso esperabas que me pudriera unos años más en esa celda por un crimen que no cometí? —replicó Leonor con una sonrisa helada.Julián frunció el ceño.—Quiero decir, ¿por qué no avisaste a la familia para que vinieran a buscarte?—¿A la familia Sandoval? —Leonor lo miró fijamente a los ojos, hasta que él, culpable, desvió la mirada—. ¿Te refieres a la familia que mandó a su propia hija a la cárcel?La pregunta pareció herirlo. Su tono se volvió duro.—Olvídalo, sube al coche. Ahora que has salido, pórtate bien y no causes más problemas.Esa frase encendió una furia helada en el corazón de Leonor.—Julián, antes de decirme que me «porte bien», ¿por qué no recuerdas quién actuó mal desde el principio?El rostro de Julián se ensombreció.—Leonor, ese asunto ya es pasado. ¿Por qué insistes en sacarlo a relucir?—¿Pasado? Para ustedes, quizás. Para mí, cuatro años en la cárcel son una humillación que nunca podré borrar.Julián tamborileó los dedos en el volante, incómodo.—Todos estos años... Tania se ha sentido muy culpable. Llora a menudo, diciendo que si no fuera por ella...Leonor lo interrumpió con voz gélida.—¿Por ella? Julián, ambos sabemos perfectamente quién empujó a Luna Ramos por las escaleras.—¡La culpable nunca fui yo, sino su adorada Tania!Hace cuatro años, intentó explicarlo mil veces, pero nadie la escuchó. Todos eligieron a Tania.—¡Basta ya, Leonor! ¡Cállate! —la interrumpió Julián bruscamente—. Las pruebas eran contundentes. ¿Hasta cuándo vas a seguir negándolo?—¿Unas escaleras sin cámaras y unos cuantos «testigos» comprados? ¿A eso le llamas pruebas?Julián apretó los labios.—Has cambiado, Leonor. Antes no eras así.—Cuatro años en la cárcel cambian a cualquiera. Si no me crees, Julián, podrías probarlo tú mismo.Él, con el rostro desencajado, cambió de tema.—Por cierto, hoy es el cumpleaños de Tania. Justo a tiempo para que vuelvas a casa y celebres con ella.—Qué detalle que recuerdes que hoy también es mi cumpleaños. En estos cuatro años, ¿alguna vez vinieron a verme? ¿Me trajeron un pastel?Julián guardó silencio, sin saber qué decir.Mientras el coche avanzaba, Leonor miraba por la ventanilla, perdida en los recuerdos de aquella fiesta. Intercambiada al nacer, había vivido dieciocho años en el campo.Aquella fiesta de hace cuatro años, era su primera celebración desde que fue reconocida por los Sandoval. Sin embargo, la familia solo tenía ojos para Tania, su hija adoptiva.Leonor intentaba consolarse pensando que sus padres y hermanos simplemente no la conocían bien todavía, y que con el tiempo la querrían más.En mitad de la fiesta, su compañera de instituto, Luna Ramos, apareció diciendo que tenía un secreto sobre Tania. Justo en ese momento, Tania apareció con el rostro desencajado. Cuando Leonor volvió a las escaleras, Luna ya yacía en un charco de sangre.La policía encontró sangre de Luna en su manga.Varios invitados «vieron con sus propios ojos» cómo la empujaba.Explicó las cosas, pero, nadie le creyó. Su padre la abofeteó en público.Fue condenada a cuatro años de prisión.—Ya hemos llegado —dijo la voz de Julián, sacándola de sus recuerdos—. Controla ese mal genio. Hoy es el cumpleaños de Tania, no la hagas pasar un mal rato.La advertencia de Julián casi hizo estallar la ira en su pecho. No solo los Sandoval, sino también Tania. Les haría pagar muy caro por estos cuatro años de su vida.Al oír el ruido, Tania, que charlaba con unos amigos, se giró sonriente, pero su expresión se congeló al instante.En el instante en que Tania vio a Leonor, su sonrisa se desvaneció.Un pánico fugaz cruzó sus ojos, pero lo disimuló al instante.—¿Leonor? ¿Eres tú? ¿Cómo es que saliste de la cárcel?—Hoy salía. Me la encontré por el camino —explicó Julián, temiendo que Tania se disgustara—. Al fin y al cabo, sigue siendo su familia.—Leonor, estás en los huesos. Lo siento... —La voz de Tania tembló y sus ojos se enrojecieron, llenándose de lágrimas.Leonor la observó con una sonrisa burlona. La misma apariencia de fragilidad, engañando a todos con su falsa bondad.Julián, a su lado, la fulminó con la mirada.—Leonor, Tania te está hablando. ¿Te has quedado muda?Tania tiró tímidamente de la manga de Julián.—Julián, no le hables así...Dio unos pasos y se arrojó a los brazos de Leonor, rompiendo a llorar.—Leonor, mi hermana, te he echado tanto de menos. Me preocupaba cada día que estuvieras sufriendo en la cárcel.Leonor contuvo el impulso de apartarla. El aroma del costoso perfume de Tania contrastaba con el olor a tela barata de su propia ropa.Los invitados comenzaron a cuchichear.—¿Otra heredera? ¿Y ha estado en la cárcel?—Sí, empujó a la hija de los Ramos por las escaleras, casi la mata.—Es muy guapa y resulta ser una víbora.Cada palabra era una aguja en su corazón. Cuatro años en la cárcel la habían convertido en el hazmerreír de la ciudad.Apartó suavemente a Tania, mirándola a los ojos.—¿Preocupada por mí?El lugar quedó en silencio.—Tania, si de verdad te importaba, ¿por qué en los mil cuatrocientos sesenta días que estuve encerrada, no fuiste a visitarme ni una sola vez?La pregunta destrozó la mentira de Tania. Ella, presa del pánico, recuperó su expresión de tristeza.—Leonor, es que me preocupaba que te pusieras más triste al verme. Todo es culpa mía...Leonor soltó una risa fría.—Tienes razón, todo es culpa tuya. Si no fuera por ti, no habría ido a la cárcel.Su mirada recorrió, afilada como un cuchillo, a cada miembro de la familia Sandoval.—Ninguno se atrevió a visitarme, ¿verdad? Tenían miedo de enfrentarse a la persona que ocupó su lugar. Miedo de que siguiera insistiendo en mi inocencia.La frase fue una bomba. Los murmullos se hicieron más fuertes.—¿Qué? ¿Acaso ella asumió la culpa por Tania?—Imposible. Tania es tan dulce. Seguro que esta Leonor la está calumniando.—¡Basta ya! ¡Cállense todos! —exclamó Julián, interponiéndose entre ellas—. Leonor, ¿acabas de llegar y ya estás montando un escándalo? Hoy es el cumpleaños de Tania, ya te lo advertí.Leonor lo miró con frialdad.—Hoy también es mi cumpleaños. ¿Acaso lo recuerdas?La pregunta dejó a Julián sin palabras, pero rápidamente recuperó su tono autoritario.—Aun así, no puedes calumniar a Tania. Aunque no sea una Sandoval de sangre, es nuestra hermana.—Lo que pasó, pasó. Las pruebas eran contundentes —insistió Julián—. ¿Por qué insistes en remover el pasado?—Leonor, ya que sientes que te he hecho daño, déjame ofrecerte un trozo de pastel como disculpa. Por favor, no te enfades más... —Tania se acercó a la mesa, cortó una porción de un elaborado pastel de crema y se la ofreció a Leonor, un destello de triunfo en sus ojos.Una llamarada de ira surgió del interior de Leonor, tan intensa que casi arrasó con su autocontrol.Ante la mirada atónita de todos, tomó el pastel.Y entonces, con un movimiento tan rápido como helado, le estampó el trozo de pastel directamente en el rostro perfecto de Tania.Una satisfacción sin precedentes la recorrió.Era la primera vez en cuatro años que se vengaba, aunque fuera de una forma tan pequeña. Pero no era suficiente.La crema blanca se deslizó por el cabello de Tania, arruinando su peinado y maquillaje.—¡Ah! ¡Mi pelo! —Tania se quedó paralizada, luciendo completamente desdichada.En ese momento, un joven apuesto entró corriendo. Era el tercer hijo de la familia, José, un conocido actor juvenil.Se había tomado el día libre para asistir a la fiesta de cumpleaños de Tania, y al llegar se encontró con esa escena.—¡Basura de la cárcel! ¿Te atreves a tocar a Tania? —José, al ver a Tania humillada, levantó la mano para abofetear a Leonor.Leonor no dudó. Con un ligero movimiento, esquivó la bofetada con una facilidad que demostraba lo mucho que había cambiado en el infierno de la cárcel.La bofetada de José falló, dejándolo perplejo.—¿Te atreves a esquivarlo? ¡Hoy te voy a dar una lección en nombre de la familia!—¿Cómo? ¿Todavía piensas que soy alguien a quien puedes desechar cuando quieras? —lo miró directamente a los ojos, con un tono cargado de sarcasmo.José se quedó sin palabras y se volvió hacia Tania para limpiarle la crema de la cara con ternura.—Tania, ¿estás bien?—Estoy bien. Leonor acaba de salir, es normal que esté enfadada. Es culpa mía... —respondió Tania, manteniendo su actuación.—¡Cállense todos, ya es suficiente! —intervino Julián de nuevo, sus ojos brillando de ira—. Leonor, si tienes algún resentimiento, descárgalo conmigo. La familia te compensará. Pero no puedes descargar tu frustración en Tania...—No hacen falta explicaciones —dijo Leonor con calma—. Si mi presencia les incomoda, me iré.Se dio la vuelta para marcharse, pero José la agarró del brazo.—¡No tan rápido! ¿Crees que puedes humillar a Tania y marcharte como si nada?Leonor lo miró con frialdad.—Suéltame.—¡No te suelto! —gritó José—. ¡Tienes que disculparte con Tania!Leonor se zafó de su agarre con un movimiento brusco.Julián se interpuso entre ellos, su rostro aún más sombrío. La familia Sandoval había quedado en ridículo. Bajó la voz, con un tono amenazante.—Un escándalo más, Leonor, y te juro que olvidaré que llevas mi sangre. Te echaré a la calle como a un perro.Capítulo 3—Leonor Sandoval, has cumplido tu condena. Eres libre.La puerta de hierro de la prisión de Ciudad del Sol se abrió con un chirrido metálico y estridente.Leonor inhaló una bocanada del aire viciado de libertad y salió.Su única compañía era una bolsa de plástico con ropa vieja y unas cuantas monedas. Después de cuatro años, la ropa con la que entró ahora le colgaba del cuerpo. Era todo lo que poseía; ni siquiera tenía suficiente para un taxi de regreso a la ciudad.El sol de verano era un castigo. Leonor caminaba lentamente por la carretera, el sudor empapándole la espalda. Se movía despacio, no solo por el cansancio, sino porque no sabía a dónde ir.¿A la casa de los Sandoval?¿A esa familia que la usó como chivo expiatorio para salvar a la hija adoptiva, que la envió a la cárcel sin molestarse en pagarle un abogado? Una risa amarga escapó de sus labios.De repente, el claxon de un coche la sobresaltó.Se hizo a un lado por instinto, pero un Maybach negro se detuvo justo a su lado.La ventanilla bajó, revelando un rostro familiar: Julián, su hermano mayor.—¿Leonor? —La sorpresa en su voz era palpable—. ¿Qué haces aquí?Leonor reprimió el desprecio que sentía y siguió caminando sin mirarlo.Apenas había dado unos pasos cuando él se interpuso en su camino.—Leonor, cuatro años te han dejado muda.—Si no estuviera aquí, estaría muerta. ¿O acaso esperabas que me pudriera unos años más en esa celda por un crimen que no cometí? —replicó Leonor con una sonrisa helada.Julián frunció el ceño.—Quiero decir, ¿por qué no avisaste a la familia para que vinieran a buscarte?—¿A la familia Sandoval? —Leonor lo miró fijamente a los ojos, hasta que él, culpable, desvió la mirada—. ¿Te refieres a la familia que mandó a su propia hija a la cárcel?La pregunta pareció herirlo. Su tono se volvió duro.—Olvídalo, sube al coche. Ahora que has salido, pórtate bien y no causes más problemas.Esa frase encendió una furia helada en el corazón de Leonor.—Julián, antes de decirme que me «porte bien», ¿por qué no recuerdas quién actuó mal desde el principio?El rostro de Julián se ensombreció.—Leonor, ese asunto ya es pasado. ¿Por qué insistes en sacarlo a relucir?—¿Pasado? Para ustedes, quizás. Para mí, cuatro años en la cárcel son una humillación que nunca podré borrar.Julián tamborileó los dedos en el volante, incómodo.—Todos estos años... Tania se ha sentido muy culpable. Llora a menudo, diciendo que si no fuera por ella...Leonor lo interrumpió con voz gélida.—¿Por ella? Julián, ambos sabemos perfectamente quién empujó a Luna Ramos por las escaleras.—¡La culpable nunca fui yo, sino su adorada Tania!Hace cuatro años, intentó explicarlo mil veces, pero nadie la escuchó. Todos eligieron a Tania.—¡Basta ya, Leonor! ¡Cállate! —la interrumpió Julián bruscamente—. Las pruebas eran contundentes. ¿Hasta cuándo vas a seguir negándolo?—¿Unas escaleras sin cámaras y unos cuantos «testigos» comprados? ¿A eso le llamas pruebas?Julián apretó los labios.—Has cambiado, Leonor. Antes no eras así.—Cuatro años en la cárcel cambian a cualquiera. Si no me crees, Julián, podrías probarlo tú mismo.Él, con el rostro desencajado, cambió de tema.—Por cierto, hoy es el cumpleaños de Tania. Justo a tiempo para que vuelvas a casa y celebres con ella.—Qué detalle que recuerdes que hoy también es mi cumpleaños. En estos cuatro años, ¿alguna vez vinieron a verme? ¿Me trajeron un pastel?Julián guardó silencio, sin saber qué decir.Mientras el coche avanzaba, Leonor miraba por la ventanilla, perdida en los recuerdos de aquella fiesta. Intercambiada al nacer, había vivido dieciocho años en el campo.Aquella fiesta de hace cuatro años, era su primera celebración desde que fue reconocida por los Sandoval. Sin embargo, la familia solo tenía ojos para Tania, su hija adoptiva.Leonor intentaba consolarse pensando que sus padres y hermanos simplemente no la conocían bien todavía, y que con el tiempo la querrían más.En mitad de la fiesta, su compañera de instituto, Luna Ramos, apareció diciendo que tenía un secreto sobre Tania. Justo en ese momento, Tania apareció con el rostro desencajado. Cuando Leonor volvió a las escaleras, Luna ya yacía en un charco de sangre.La policía encontró sangre de Luna en su manga.Varios invitados «vieron con sus propios ojos» cómo la empujaba.Explicó las cosas, pero, nadie le creyó. Su padre la abofeteó en público.Fue condenada a cuatro años de prisión.—Ya hemos llegado —dijo la voz de Julián, sacándola de sus recuerdos—. Controla ese mal genio. Hoy es el cumpleaños de Tania, no la hagas pasar un mal rato.La advertencia de Julián casi hizo estallar la ira en su pecho. No solo los Sandoval, sino también Tania. Les haría pagar muy caro por estos cuatro años de su vida.Al oír el ruido, Tania, que charlaba con unos amigos, se giró sonriente, pero su expresión se congeló al instante.En el instante en que Tania vio a Leonor, su sonrisa se desvaneció.Un pánico fugaz cruzó sus ojos, pero lo disimuló al instante.—¿Leonor? ¿Eres tú? ¿Cómo es que saliste de la cárcel?—Hoy salía. Me la encontré por el camino —explicó Julián, temiendo que Tania se disgustara—. Al fin y al cabo, sigue siendo su familia.—Leonor, estás en los huesos. Lo siento... —La voz de Tania tembló y sus ojos se enrojecieron, llenándose de lágrimas.Leonor la observó con una sonrisa burlona. La misma apariencia de fragilidad, engañando a todos con su falsa bondad.Julián, a su lado, la fulminó con la mirada.—Leonor, Tania te está hablando. ¿Te has quedado muda?Tania tiró tímidamente de la manga de Julián.—Julián, no le hables así...Dio unos pasos y se arrojó a los brazos de Leonor, rompiendo a llorar.—Leonor, mi hermana, te he echado tanto de menos. Me preocupaba cada día que estuvieras sufriendo en la cárcel.Leonor contuvo el impulso de apartarla. El aroma del costoso perfume de Tania contrastaba con el olor a tela barata de su propia ropa.Los invitados comenzaron a cuchichear.—¿Otra heredera? ¿Y ha estado en la cárcel?—Sí, empujó a la hija de los Ramos por las escaleras, casi la mata.—Es muy guapa y resulta ser una víbora.Cada palabra era una aguja en su corazón. Cuatro años en la cárcel la habían convertido en el hazmerreír de la ciudad.Apartó suavemente a Tania, mirándola a los ojos.—¿Preocupada por mí?El lugar quedó en silencio.—Tania, si de verdad te importaba, ¿por qué en los mil cuatrocientos sesenta días que estuve encerrada, no fuiste a visitarme ni una sola vez?La pregunta destrozó la mentira de Tania. Ella, presa del pánico, recuperó su expresión de tristeza.—Leonor, es que me preocupaba que te pusieras más triste al verme. Todo es culpa mía...Leonor soltó una risa fría.—Tienes razón, todo es culpa tuya. Si no fuera por ti, no habría ido a la cárcel.Su mirada recorrió, afilada como un cuchillo, a cada miembro de la familia Sandoval.—Ninguno se atrevió a visitarme, ¿verdad? Tenían miedo de enfrentarse a la persona que ocupó su lugar. Miedo de que siguiera insistiendo en mi inocencia.La frase fue una bomba. Los murmullos se hicieron más fuertes.—¿Qué? ¿Acaso ella asumió la culpa por Tania?—Imposible. Tania es tan dulce. Seguro que esta Leonor la está calumniando.—¡Basta ya! ¡Cállense todos! —exclamó Julián, interponiéndose entre ellas—. Leonor, ¿acabas de llegar y ya estás montando un escándalo? Hoy es el cumpleaños de Tania, ya te lo advertí.Leonor lo miró con frialdad.—Hoy también es mi cumpleaños. ¿Acaso lo recuerdas?La pregunta dejó a Julián sin palabras, pero rápidamente recuperó su tono autoritario.—Aun así, no puedes calumniar a Tania. Aunque no sea una Sandoval de sangre, es nuestra hermana.—Lo que pasó, pasó. Las pruebas eran contundentes —insistió Julián—. ¿Por qué insistes en remover el pasado?—Leonor, ya que sientes que te he hecho daño, déjame ofrecerte un trozo de pastel como disculpa. Por favor, no te enfades más... —Tania se acercó a la mesa, cortó una porción de un elaborado pastel de crema y se la ofreció a Leonor, un destello de triunfo en sus ojos.Una llamarada de ira surgió del interior de Leonor, tan intensa que casi arrasó con su autocontrol.Ante la mirada atónita de todos, tomó el pastel.Y entonces, con un movimiento tan rápido como helado, le estampó el trozo de pastel directamente en el rostro perfecto de Tania.Una satisfacción sin precedentes la recorrió.Era la primera vez en cuatro años que se vengaba, aunque fuera de una forma tan pequeña. Pero no era suficiente.La crema blanca se deslizó por el cabello de Tania, arruinando su peinado y maquillaje.—¡Ah! ¡Mi pelo! —Tania se quedó paralizada, luciendo completamente desdichada.En ese momento, un joven apuesto entró corriendo. Era el tercer hijo de la familia, José, un conocido actor juvenil.Se había tomado el día libre para asistir a la fiesta de cumpleaños de Tania, y al llegar se encontró con esa escena.—¡Basura de la cárcel! ¿Te atreves a tocar a Tania? —José, al ver a Tania humillada, levantó la mano para abofetear a Leonor.Leonor no dudó. Con un ligero movimiento, esquivó la bofetada con una facilidad que demostraba lo mucho que había cambiado en el infierno de la cárcel.La bofetada de José falló, dejándolo perplejo.—¿Te atreves a esquivarlo? ¡Hoy te voy a dar una lección en nombre de la familia!—¿Cómo? ¿Todavía piensas que soy alguien a quien puedes desechar cuando quieras? —lo miró directamente a los ojos, con un tono cargado de sarcasmo.José se quedó sin palabras y se volvió hacia Tania para limpiarle la crema de la cara con ternura.—Tania, ¿estás bien?—Estoy bien. Leonor acaba de salir, es normal que esté enfadada. Es culpa mía... —respondió Tania, manteniendo su actuación.—¡Cállense todos, ya es suficiente! —intervino Julián de nuevo, sus ojos brillando de ira—. Leonor, si tienes algún resentimiento, descárgalo conmigo. La familia te compensará. Pero no puedes descargar tu frustración en Tania...—No hacen falta explicaciones —dijo Leonor con calma—. Si mi presencia les incomoda, me iré.Se dio la vuelta para marcharse, pero José la agarró del brazo.—¡No tan rápido! ¿Crees que puedes humillar a Tania y marcharte como si nada?Leonor lo miró con frialdad.—Suéltame.—¡No te suelto! —gritó José—. ¡Tienes que disculparte con Tania!Leonor se zafó de su agarre con un movimiento brusco.Julián se interpuso entre ellos, su rostro aún más sombrío. La familia Sandoval había quedado en ridículo. Bajó la voz, con un tono amenazante.—Un escándalo más, Leonor, y te juro que olvidaré que llevas mi sangre. Te echaré a la calle como a un perro.

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